—Cici, ¿no pasó nada? —preguntó Daniel.
—No. Adrián, llévatelo a dormir.
Adrián jaló a Leandro.
—Señor Leandro, vámonos. Ya es hora de dormir.
—¡No! ¡Quiero dormir con la señorita Cici!
Adrián y Daniel se quedaron tiesos.
Sobre todo Daniel, que se encendió.
—¿Cómo que vas a dormir con mi hermana? Eres un hombre. ¡Adrián, llévatelo ya!
Cecilia sabía que cuando a Leandro se le metía una idea, era un problema.
Así que le habló con suavidad:
—Señor Leandro, no puedes dormir conmigo. Duerme con Adrián. Mañana, en cuanto despiertes, me vas a ver. Te lo prometo.
Entre que lo calmó y lo convenció, Leandro por fin se fue con Adrián.
Daniel miró a Cecilia.
—Cici, descansa.
Cecilia asintió, se puso la pijama y se preparó para dormir.
Pensó que por fin iba a dormir tranquila, pero ni una hora pasó cuando Adrián volvió a entrar corriendo.
—¡Hermanita! ¡No, no! ¡Se están agarrando a golpes!
A Cecilia ya le dolía la cabeza.
—Adrián, ¿ahora qué? ¿El señor Leandro se volvió a salir?
—No… ¡tu prometido se está peleando con él!
Cecilia se quedó helada.
—¿Saúl? ¿Qué hace aquí?
A medianoche… ¿por qué vendría Saúl?
Se levantó y salió de inmediato.

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