—¡Suéltala, Saúl! —ordenó Cristian, furioso.
Cecilia se acercó y le apartó la mano a Saúl.
—Saúl, cálmate.
Saúl clavó la mirada en Zoe, helado.
—La próxima vez que te escuche insultarla, no me voy a tentar el corazón.
Zoe se sobó el pecho y se escondió junto a Cristian.
—Cristian… me está amenazando. ¿Yo todavía puedo vivir en esta casa? —volvió a llorar.
—Ya, ya. No llores —la voz de Cristian se suavizó de inmediato.
Saúl decía que Cristian prefería a Zoe, y era verdad.
Cristian volteó con Valeria, con un tono pésimo.
—Valeria, ya que te trajiste a Leandro, ahora sí cuídalo. No lo dejes hacer desmadre. Y para empezar, todo esto fue por tu culpa. ¿Te queda claro?
A Cecilia le cayó pésimo ese descaro.
La culpa era de Kevin, y aun así se la echó a Valeria.
Con razón Valeria antes quería mandar lejos a Leandro.
Un hijo que ni su propio papá quiere… solo estorba.
Valeria no tuvo más que tragar saliva.
—Sí… lo entiendo.
—Ya. Alguien lléveselo. Sáquenlo de aquí.
—¡No! ¡No me voy! ¡Quiero a la señorita Cici…! —Leandro se aferró a la ropa de Cecilia y se puso a llorar.
Dalila intentó convencerlo:
—Señor Leandro, venga conmigo. Ándele, ya…
—¡No! ¡No! ¡No! —Leandro se tiró al piso y empezó a hacer berrinche.
Zoe, al verlo, se rió.
Dalila no podía con él; se le había soltado lo niño.

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