—¡Agárrenlo! ¡No dejen que se escape! Amárrenlo, y no lo suelten hasta que se calle.
Entraron dos tipos corpulentos, sujetaron a Leandro y lo amarraron a una silla. Encima, le metieron papel higiénico en la boca para que no pudiera hacer ruido.
Laura se le fue encima y le soltó una cachetada.
¡Paf!
—¡Pinche animal, para que sigas gritando! ¡Ya me tienes harta! Hoy no le den nada de comer. Apuesto a que por eso tiene fuerzas para estar berreando; con menos comida, se le quita.
Dicho eso, Laura cerró la puerta del cuarto.
Ella y los dos guardaespaldas se quedaron afuera, tirados en el sillón, jugando en el celular y comiendo botanas.
Y había muchos más videos así.
Al ver eso, Valeria ya no aguantó. No podía seguir viendo.
Cecilia pausó el video.
Y Laura se desplomó en el piso, pálida.
Valeria, temblando, la señaló con el dedo.
—Laura… tantos años confiando en ti. Yo te veía como una hermana. Tú lo viste nacer; de chiquito lo cargabas, lo besabas… lo viste crecer. Yo de verdad creí que lo querías como si fuera tuyo, por eso te confié algo tan importante, que cuidaras a mi hijo. ¿Y sales con que lo maltratabas? ¡No tienes corazón!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia