Eso sí le pareció raro a Cecilia.
Ella creía que Cristian era un tipo totalmente egoísta: su propio hijo estuvo años inválido en La Franja del Norte y él ni se apareció.
Y, aun así, tenía ese lado.
De pronto le dio lástima Saúl.
No tenía el cariño de su mamá… ni el de su papá.
Si Cristian lo hubiera tratado aunque fuera la mitad de bien que a Kevin, Saúl no habría estado en La Franja del Norte, esperando morirse.
Cecilia estiró la mano en silencio y lo abrazó por la cintura.
Saúl sintió ese calor de inmediato.
El perfume de ella le llegó de lado, y sin saber por qué, se tranquilizó.
Cuando llegaron a la casa de la familia Rivas, se toparon con Inés.
Saúl le dijo a Cecilia:
—Es Inés, la hermana de Kevin. Acaba de regresar. Es una pintora famosa, reconocida en varios países.
—¿Saúl, ella es tu prometida? Está guapísima —dijo Inés con suavidad.
—Gracias —respondió Cecilia, sin mucho entusiasmo.
Con desconocidos era así: distante.
—Oye, Cici, ¿no ibas a ver a la señora Ledesma? Yo te llevo —dijo Saúl.
Luego saludó a Inés y se fueron.

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