Al ver filas y filas de ropa, a Noa se le fue la mirada con pura ambición.
Se robó dos prendas a escondidas y se las guardó.
Luego salió como si nada.
—Noa, ¿qué haces aquí? —Marina justo llegó y la vio.
—Nada, señora… solo andaba viendo si había ropa sucia para lavar. Quiero ayudar más en la casa —dijo Noa, escondiendo la ropa detrás de la espalda.
—No hace falta. Hay gente encargada de eso. Y tú mejor deja de meterte al cuarto de Cici. A Cici no le gusta que le anden moviendo sus cosas. Si se entera, ni yo te voy a poder cubrir.
—Sí, señora. No se preocupe, ya no lo vuelvo a hacer.
En cuanto Noa se fue, regresó corriendo a su cuarto.
Sacó el vestido y se lo puso.
Se miró en el espejo y pensó que se veía increíble.
«Este vestido conmigo se ve como debe ser. Cecilia ni lo merece», se dijo.
Tener ropa así guardada, y encima no ponérsela… y preferir mezclilla y pants.
«Qué falta de gusto. Qué desperdicio».
Ya arreglada, agarró el celular, posó un rato y se tomó varias fotos.
Luego se alistó para salir.
Ese día iba a conocer en persona a un seguidor.
Anoche le escribió uno que “vendía vino”; y como no se veía mal, seguro era un empresario.
Si lograba encontrar otro “buen partido”, aunque los Galindo la corrieran, ya no le daría miedo.
***
Daniel salió con la tarjeta que Cecilia le dio.
Como ya estaba decidido a emprender, primero quería ver si el dinero realmente alcanzaba.
Fue a checar el saldo.
Y casi se le va el aire: tenía cien millones.
¡Una locura!
Cuando él empezara a ganar bien, se lo iba a devolver.
Colgó, y Cecilia ya iba rumbo a CosmoEstrella Tech, la empresa que manejaba Thiago.
Como Sebastián acababa de entrar a finanzas, necesitaban hacer una entrega formal de pendientes.
Cuando llegó al área, vio que Sebastián ya estaba ahí, en su oficina, concentrado revisando documentos.
Cecilia tocó la puerta. Al verla, Sebastián se levantó de inmediato.
—Cecilia, qué bueno que viniste.
—Sí. Vine a hacer la entrega con el director Fernández —y de paso quería ver si era alguien confiable.
Finanzas era un área clave.
Desde que ella tomó el control, ya había sacado a varios cómplices de Noé; el departamento estaba más limpio.
—Va. Pero tengo unas dudas que quiero preguntarte. Mira: estos datos y estos otros… no cuadran. Esta cuenta está mal —dijo Sebastián, mostrándole los reportes.
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