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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 166

—Primero voy a checar —dijo Cecilia.

Siguió al personal técnico hasta el cuarto eléctrico.

Normalmente ese lugar tenía guardias y la puerta estaba protegida con clave, justo para evitar que alguien entrara, se electrocutara o hiciera desmadre. La vigilancia ahí siempre había sido estricta.

Pero, en cuanto los guardias se fueron, ya nadie supo la clave. Y como la puerta era de alta seguridad, ahora de plano no podían abrirla. Ni siquiera un cerrajero se animaba a garantizar que pudiera abrir esa chapa especial.

Y no solo era el cuarto eléctrico: también había salas de archivo importantes. Antes, tanto los guardias como el encargado se sabían las claves. Quién sabe cuándo, pero los guardias las cambiaron en secreto; luego se pelaron… y ahora tampoco podían abrir.

La empresa estaba paralizada.

Había trabajo que simplemente no se podía arrancar.

—Señorita Cecilia, es aquí —le dijo un técnico—. Siguen viendo cómo abrir, pero esta puerta está durísima… yo creo que va a tocar tumbar pared.

Cecilia miró la cerradura y respondió:

—No hace falta.

Se acercó al teclado y empezó a moverle.

Nadie tenía esperanzas. Ya la habían revisado técnicos buenos y no pudieron. ¿Cómo iba a poder una señorita como Cecilia?

Pero en eso se escuchó un clic seco.

La puerta se abrió.

—¡Ya abrió! —se quedaron helados.

¿En qué momento lo hizo? Ni alcanzaron a ver bien.

La habían subestimado.

—Ya dejé la clave reiniciada: 287129. Anótenla —les indicó Cecilia.

—Sí.

Cecilia entró al cuarto eléctrico.

—¿Y el electricista? Que venga a revisar —dijo el encargado que iba con ellos.

Alguien respondió, titubeando:

Resuelto lo de la electricidad, Cecilia fue a cambiar también las claves de las demás puertas. Le tomó menos de media hora.

Sin pedir ayuda de fuera.

Cuando volvió a la oficina, Thiago acababa de salir de una junta.

—¿Papá, qué pasó?

—Ahorita Mantenimiento reportó que también taparon las tuberías. Ya andan buscando quién destape.

—Eso es poca cosa, no te preocupes.

Thiago suspiró.

—Sí… también escuché que tú abriste las puertas y que tú misma regresaste la luz. Cici, de verdad eres bien capaz. ¿Qué hice yo para merecer una hija tan buena y tan chambeadora?

—¿Papá, por qué dices eso? Somos familia. Y si este es tu proyecto, como tu hija claro que te voy a respaldar. Y lo de los guardias tampoco te preocupes: ahorita mismo contacto gente y garantizo la seguridad de la empresa.

—Va. Gracias, de verdad… pero que todos los guardias se hayan ido el mismo día, esto huele raro. Lo más probable es que alguien esté moviendo los hilos. Puede ser Alan: desde que lo corriste, seguro se puso a calentarles la cabeza para que renunciaran —dijo Thiago.

***

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