—¿Y con “no sabía” ya te vas a lavar las manos? Lárgate —le gritó Cecilia.
—¡Hoy no me voy! ¡Esto es pura mala leche! ¡No acepto!
—Director General, llámele a Seguridad para que lo saquen —dijo Cecilia.
Thiago marcó a la oficina de Seguridad, pero nadie contestó.
—¿No hay nadie? —preguntó, confundido, mirando a Cecilia.
—¡Ja! ¿De verdad creen que porque ya es Director General pueden hacer lo que se les dé la gana en esta empresa? —Noé se rio, feliz.
El jefe de Seguridad era de los suyos.
Solo obedecía sus órdenes.
Cecilia esbozó una sonrisa.
—Si el jefe de Seguridad no hace su chamba, entonces tampoco tiene por qué seguir aquí. Yo me encargo.
Dicho eso, agarró a Noé de la corbata y lo jaló hacia afuera.
—¡Suéltame… suéltame! ¿Qué vas a hacer? ¡Suéltame!
Que a un hombre lo fueran arrastrando por el piso… y encima una chavita… era una humillación.
Cecilia lo llevó así, arrastrándolo, hasta afuera.
Toda la empresa lo vio.
La gente se quedó impactada: no podían creer la fuerza que tenía. Un hombre así de pesado, y ella lo sacó como si nada.
Se veía imponente.
Cecilia lo aventó directo a la banqueta, afuera.
—¡Lárgate!
Noé se levantó del suelo, hecho polvo. No podía creer que una muchacha lo hubiera sacado así.
—¡Está bien! ¡Está bien! ¡Ya verán! —soltó, amenazante, y se fue furioso.
Cecilia se dio la vuelta, regresó a la empresa y fue directo al área de Seguridad.
Vio a varios guardias sentados, clavados en el celular jugando.
Ella entró y ni la voltearon a ver.
—Soy la asistente del Director General. Lo que yo diga es lo que está diciendo él. Vine a limpiar a los que nomás vienen a calentar silla.
En la oficina varios se soltaron riéndose.
—Agarra tus cosas y te vas. No lo repito.
—Mira, niña, te falta barrio. No nos vamos, y tú no nos puedes hacer nada. Ya regrésanos los celulares… o te va a ir mal.
¡Pum!
Cecilia estampó el celular contra el piso.
Alan se puso fuera de sí.
—¡No manches! ¿Quién te crees? ¡Me rompiste el celular!
—No solo te rompo el celular. También te voy a quitar la chamba —le contestó Cecilia, con una presencia que aplastaba.
—¡Te voy a partir la madre, pinche vieja!
Alan se arremangó y se le fue encima.
***

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