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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 150

—¡Qué descaro! ¿Qué, porque él no viene la empresa deja de funcionar? ¿Noé pidió permiso o no? —preguntó Cecilia, tajante.

Violeta bajó la mirada, sin atreverse a contestar.

—¿Y el gerente de Recursos Humanos? ¡Que venga ya!

Al rato llegó el gerente de Recursos Humanos.

—Señor Benítez, ¿Noé no vino hoy? ¿Metió solicitud de permiso en Recursos Humanos?

—No hemos recibido nada —respondió el señor Benítez.

—Según el reglamento, si faltas tienes que dejar el permiso por escrito; y si eres gerente, mínimo tienes que avisarle al director general. Los de nivel gerencia, o superior, pueden no entregarlo, pero sí deben pedir autorización al director general. Noé no entregó permiso y tampoco avisó a su superior. Eso cuenta como falta injustificada.

Cecilia lo miró de frente.

—Señor Benítez, usted es el gerente de Recursos Humanos. Según el reglamento, ¿qué sanción corresponde por una falta injustificada?

El señor Benítez se apresuró a decir:

—Debería… ser despido.

—¿Y tú qué dices, papá? —Cecilia volteó a ver a su padre.

—Cici… ese Noé es gente de tu tío Facundo. Si lo corremos así, ¿no se nos va a venir encima…? —Thiago se veía preocupado.

—Papá, ahorita el que manda en la empresa eres tú. Si le tienes miedo a cualquiera, ¿entonces cómo la vas a dirigir?

Con ese jalón de realidad, Thiago lo entendió al instante.

Se dio cuenta de que seguía siendo demasiado blando.

—Está bien. Anuncio que, a partir de este momento, el gerente de Finanzas, Noé, queda oficialmente despedido.

Todos se quedaron en shock.

La noticia del despido del gerente de Finanzas se regó por toda la empresa. Muchos ya no se atrevieron a hacerse los desentendidos.

—Cici, con esto sí les diste un buen escarmiento. Mira: todo lo que pedí ya me lo trajeron —dijo Thiago, contento.

—Papá, no cantes victoria. Por lo que sé, aunque la empresa esté a nombre de la abuela, estos años la ha manejado la familia de mi tío Facundo. Noé era solo un peón. Si de verdad queremos enderezar esto, hay que sacar a esa gente.

Cecilia lo pensó un segundo y remató:

—Además, si no me equivoco, ahorita Noé va a venir hecho la mocha. Papá, tienes que imponer presencia y pararlo en seco. Si hoy no lo frenas, luego ya no vas a poder.

—Va, entendido. Cici… de verdad eres mi mejor apoyo —dijo Thiago, con alivio.

Thiago revisó los reportes y le empezó a doler la cabeza: los ingresos y egresos de la fábrica en esos años eran un desastre.

—Desde que Facundo la administró, la fábrica ha estado en pérdidas. Año tras año. Y este no es la excepción… Esto es un tiradero —suspiró Thiago.

—Si no, ¿tú crees que la abuela te la habría soltado así nomás? —dijo Cecilia.

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