—Sí, en cada concurso de la escuela se lleva premio.
—Yo digo que casi seguro es Berta. Oye, Berta, si te eligen y conoces a un famoso, ¿me consigues un autógrafo?
—¡Berta, eres lo máximo! ¡Qué envidia!
…
Todos rodeaban a Berta como si ya tuviera el puesto asegurado.
Berta dijo con modestia:
—Ay, no exageren.
Cecilia normalmente no se llevaba con casi nadie; era fría y distante.
Nadie se le acercaba.
—Cecilia, yo te apoyo. Siento que sí le ganas a Berta —le dijo Martina en voz baja, acercándose.
Cecilia se volteó a ver a esa chica, que normalmente era callada.
—¿Y tú cómo estás tan segura?
—No sé… como que lo siento. Me gusta tu diseño. Yo no tengo talento para esto, pero… de verdad creo que tú sí puedes.
—Gracias.
Cecilia notó que Martina era bastante linda, en el buen sentido.
Siempre tan calladita y ahora venía a apoyarla; no se lo esperaba.
—Cecilia, si te eligen, ¿me llevas? Yo te ayudo en lo que sea. Nunca he entrado a un set, y quiero ver cómo son los famosos en persona.
—Va —aceptó Cecilia.
Martina se puso feliz.
A un lado, seguía rezando en silencio para que Aurora Palabras Media se fijara en Cecilia.
A Cecilia le pareció tiernísima.
Al salir de clases y volver a casa, ya era de noche.
Ese día tenía más materias; de toda la semana, era el más pesado.
Thiago ya había regresado de la empresa.
Cecilia lo vio suspirando, con cara de que algo andaba mal.
—¿Qué pasó, papá?
…
Al día siguiente.
Cecilia fue con Thiago a la empresa CosmoEstrella Tech.
Era una compañía de baterías de energía nueva.
No era pequeña; administrarla sí tenía su chiste.
—Cici, esta gente antes estaba bajo el mando de tu tío Facundo. Ahora que cambió el responsable, es normal que no me quieran obedecer. Hay que ir poco a poco —dijo Thiago.
—Papá, yo te ayudo. A ver quién se atreve a ponerse al brinco.
Thiago no sabía qué tenía planeado Cecilia.
Ya en la oficina, Cecilia dijo que primero quería revisar los ingresos y egresos de la planta de los últimos años.
—Ayer mismo pedí que me lo trajeran, y hasta hoy no me han dado nada —dijo Thiago.
—¿Y los de Finanzas? —preguntó Cecilia.
La asistente Violeta respondió:
—El gerente de Finanzas, Noé, hoy no vino. Si queremos esos números… me temo que no se va a poder.

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