Saúl le explicó que ese era su hermano menor.
—No pasa nada. Cecilia no se fija en eso —dijo Saúl por ella.
Cecilia miró a Joaquín: también era guapo, y tenía algo de Saúl en la mirada.
Al final, Ainhoa y Cristian también tenían buena genética.
Cristian era mestizo; de joven había sido muy atractivo y con porte.
Si no, ¿cómo habría tenido tres esposas?
Aunque legalmente solo existe el matrimonio con una sola pareja, Cristian siempre tuvo varias relaciones y en esa casa convivían como si nada.
—Señor, ya llegó la señorita Nadia —anunció el mayordomo al entrar.
—¡Que pase! —dijo Zoe, apurada.
Hoy iba a quedar claro si lo suyo era auténtico o no.
Nadia, al ver a tanta gente de la familia Rivas reunida, se quedó desconcertada.
La familia Rivas era de las más poderosas; ella apenas había visto al señor Cristian un par de veces.
Era la primera vez que iba a esa casa, y con tanta gente presente, no entendía qué estaba pasando.
—Señorita Nadia, no se incomode. La mandé llamar para que revise el collar de mi esposa y nos diga si es auténtico o no —dijo Cristian.
—Claro, señor Rivas —respondió Nadia.
Su mirada se cruzó con Cecilia y le brillaron los ojos un instante, pero lo disimuló de inmediato.
¿Qué hacía aquí esa niña?
Zoe, entonces, sacó el collar.
—Señorita Nadia, gracias por venir —dijo Zoe con mucho respeto.
En el mundo de la moda, Nadia tenía peso.
Incluso para Zoe, conseguir que Nadia le facilitara piezas nuevas de Estudio Cobalto no era sencillo.
—¿Está segura, señorita Nadia? —hasta Cristian se sorprendió.
Que un “pirata” se colara en su casa era una vergüenza.
—Señor Rivas, conozco cada pieza que sale de nosotros. Este collar está muy bien hecho, la técnica es impresionante… pero no es original.
Zoe insistió:
—¿En qué se nota?
—Mire: este collar es demasiado perfecto. Y por eso mismo no es nuestro. Elisa, nuestra diseñadora, siempre deja una pequeña “imperfección” a propósito. Ella dice que nada en el mundo es perfecto y que, a veces, lo imperfecto también es bello. Este modelo se basa justo en eso: la belleza de lo imperfecto.
—Cada collar es único. Todos traen una mínima marca distinta, en un lugar diferente. Pero este… está impecable. Por eso es copia.
Zoe se quedó tiesa.
—Mira nada más. Resultó que sí era pirata —se burló Ainhoa—. Que Zoe salga con una copia… qué risa.
Zoe se puso roja de coraje.

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