Tanto la primera como la segunda esposa estaban muy interesadas en la “nueva” de Saúl.
En cuanto lo vieron entrar agarrado de la mano de Cecilia, todas las miradas se les fueron encima.
—Papá, mamá, y a todos los mayores… les presento a Cecilia —dijo Saúl, acercándose.
—Saúl, preséntale bien a la familia —dijo Cristian.
Saúl, sin soltarle la mano, le fue diciendo.
—Cici, él es mi papá.
Por educación, Cecilia saludó con calma:
—Señor Rivas, mucho gusto.
—Bien. Se ven bien juntos. Antes, cuando Saúl estaba inválido, supe que la familia Galindo lo cuidó y lo sacó adelante. No se preocupen: la familia Rivas no se olvida de los favores de la familia Galindo.
—Gracias, señor Rivas.
Luego, Saúl llevó a Cecilia con la señora Ledesma.
La señora Ledesma se veía frágil, pálida, como sin fuerzas.
—Ella es la señora Ledesma.
—Mucho gusto, señora Ledesma.
La señora Ledesma la miró un momento y levantó la mano con suavidad. Una empleada se acercó con una cajita de estilo antiguo.
—Este es un brazalete de esmeralda que he guardado por muchos años. Es la primera vez que conozco a la prometida de Saúl, así que es para ti. Que ustedes dos se lleven bien y lleguen juntos hasta viejitos —dijo Valeria Ledesma de Rivas.
De verdad se veía muy mal.
—Muchas gracias, señora Ledesma.
Entonces se escuchó una voz chillona, desagradable.
—Mira nada más. La señora Ledesma sí que se luce, sacando hasta lo que tiene guardado. Se nota que le encanta la prometida de Saúl. Ese brazalete es una herencia familiar, viene desde tiempos antiguos.
Cecilia, al oír que era algo tan valioso, no se atrevió a aceptarlo.
—Señora Ledesma, mejor quédese con él. Es demasiado, no puedo recibir algo así.
Pero la señora Ledesma le agarró la mano cuando intentó devolvérselo.
Zoe, al ver su reacción, pensó que era porque Cecilia nunca había visto algo “bueno”, y remató con burla:
—Se nota que vienes de un lugar bien sencillo. No es como la familia Rivas. Te explico: este collar se llama Susurros de la Noche, lo diseñó Elisa, de Estudio Cobalto. Fue edición limitada hace dos años. Ahorita ya casi no se consigue… prácticamente es pieza única.
Cecilia se quedó callada.
Saúl la miró, intrigado, sin saber qué estaba pensando.
Él iba a contestarle a la señora Lamas, pero Cecilia habló primero.
—Señora Lamas, me temo que la engañaron. Ese collar es falso.
—¿Cómo que falso? ¡Niña de rancho, tú qué vas a saber! ¡No inventes! —Zoe le gritó, furiosa.
Que le dijeran que era falso era como darle una cachetada.
Cecilia se burló por dentro.
Ese tema, Susurros de la Noche, lo había diseñado ella misma.
¿Cómo no iba a saber distinguirlo?

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