—Mamá, mañana en la empresa tengo un evento importante. Tengo que ir —dijo Daniel.
Teresa también se vio apurada.
—Yo igual. Mañana no puedo pedir permiso.
Al ver eso, Cecilia propuso:
—Voy yo. Mañana no tengo clases.
—Entonces que vaya Cici. Cici es lista, tiene buena cabeza; así me quedo tranquila —dijo Marina.
Después de cenar, Adrián jaló a Cecilia a su cuarto, en secreto.
—¿Qué traes, hermano? ¿Por qué tan misterioso? —preguntó Cecilia.
—A ver, hermanita… si mi mamá dice que eres bien lista, échame la mano. Mañana tengo una cita y no sé qué ponerme.
Cecilia se quedó sin palabras.
Por la cara de emoción de su hermano, se notaba que de verdad ya quería tener pareja.
Desde que se habían mudado, Cecilia se dio cuenta de que Saúl les había comprado muchísima ropa a todos.
Todo estaba colgado en el vestidor. Y el de su hermano también estaba lleno.
Cecilia revisó un poco y le escogió un traje.
—Este. Te hace ver más formal, más maduro.
—Va, te hago caso en todo, hermanita.
Luego, a propósito, se cambió ahí mismo. Cuando salió para que Cecilia lo viera, la verdad es que le quedaba bien.
Adrián no era guapo, pero tampoco feo; era del montón.
De esos que, en la calle, no llaman la atención.
Pero con ese traje y su complexión grande, sí se veía con presencia.
—¡Qué guapo, hermano! —lo halagó Cecilia.
—Je, je… gracias, hermanita.
En ese momento sonó el celular de Cecilia: era Saúl.
Se fue a su cuarto para contestar.
—Cici, ¿a qué hora paso por ti mañana al salir de clases? —preguntó Saúl, con una sonrisa.
Cada vez que le hablaba por teléfono, se ponía de buen humor.
—Mañana no voy a clases.
—¿Cómo que no? Mañana en la tarde tienes dos materias —dijo Saúl. Él se sabía su horario al derecho y al revés.
—Voy a pedir permiso. Mi hermano tiene una cita y tengo que acompañarlo.
Adrián no levantaba la cabeza, como si estuviera muerto de pena… más tímido que la propia chica.
Cecilia negó con la cabeza. «Ay, mi hermano…»
La muchacha también se veía nerviosa y hablaba poco; seguramente era su primera cita y le daba vergüenza.
A Cecilia le pareció bien, solo que no sabía si los dos iban a hacer clic.
Platicaron un poco para conocerse, comieron y se despidieron.
Sira les pidió que Adrián y Macarena se agregaran en WhatsApp para ir platicando con calma: si se gustaban, pues adelante; y si no, ni modo.
La cita salió sin problema.
Después, Marina buscó a Sira.
Sira le dijo:
—Mira, Marina, yo sé cómo andan ustedes, y por eso no les voy a presentar a alguien interesada. No quiero que Adrián salga perdiendo. Macarena es sobrina lejana mía; de eso sí te respondo.
—Sira, de verdad, gracias por la molestia. Si Adrián encuentra pareja, yo te voy a dar un buen regalo.
Sira se echó a reír, contenta.
—Ay, somos vecinas… ¿para qué dices eso…?
---

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia