Entrar Via

Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 114

—Daniel, mira nada más… esto está enorme. ¿Neta mis papás viven aquí? —preguntó Adrián.

—Ya ni preguntes, luego vemos qué onda —Daniel tampoco entendía.

Ese lugar era gigantesco, parecía palacio. ¿De verdad era posible que su familia viviera ahí?

De niño, Daniel había ido con Marina a la casa de los Galindo; esa casa ya le parecía enorme y siempre le dio envidia.

Pero esto… era muchísimo más.

—¡Adrián, Daniel, Teresa! Ya llegaron —Marina los recibió feliz.

—Mamá, ¿qué está pasando?

Marina les explicó todo.

Adrián se emocionó:

—¿Entonces ya vamos a vivir aquí, en esta casa grandota?

—Sí, Adrián —Cecilia lo vio feliz como niño y le dio ternura.

—Pero… al final esto se lo dio Saúl a Cici. Nosotros… —Daniel todavía tenía dudas.

Cecilia le dijo:

—Daniel, lo mío también es de ustedes. Somos familia, ¿por qué tanto “pena y permiso”? ¿O qué, no merecemos vivir bien? Los Galindo de la rama principal viven con lujos; nosotros deberíamos vivir mejor que ellos.

—Sí, Daniel, ya no le des vueltas. La familia Galindo ya no es la de antes. A mí me encanta aquí; siento que estoy soñando —Teresa también lo convenció.

Daniel, al verlos tan contentos, ya no dijo nada más.

Pero entendió algo: tenía que echarle ganas.

Ya había quedado con su equipo: el próximo año se iban a independizar.

Iban a armar algo grande.

Esa noche, la familia cenó por primera vez en la casa nueva, felices.

Estaban seguros de que la vida apenas iba a mejorar.

—Por cierto… me llegó el rumor de que Saúl ya regresó con la familia Rivas.

Clara pareció encontrar una idea.

—Nuestra única oportunidad de levantar cabeza es la familia Rivas.

—Pero la familia Rivas no tiene nada que ver con nosotros —dijo Iker, dudoso.

—Sí tiene. Saúl era el prometido de Noa. Como la pinche Cecilia no quiso “regresar” al prometido, entonces vamos con sus papás biológicos. Les ofrecemos doscientos mil pesos. A ver si no se les hace agua la boca.

—¿Y… crees que funcione? —Iker no estaba seguro.

—Claro que sí. Están muertos de hambre. No me vengas con lo que dijo esa vieja la vez pasada. No creo que rechacen doscientos mil. Vámonos ahorita: vamos a ver a la familia Galindo y lo hablamos.

Clara no pensaba dejar que la familia Valdés se hundiera así.

Se fueron en carro directo a la zona rural de La Franja del Norte, donde antes vivían los Galindo.

—Qué carretera tan horrible. Si no fuera por Saúl, yo ni loca venía a este pinche lugar. Puro mugrero y pobreza —se quejó Clara todo el camino.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia