A partir de ahora, comenzaría su feliz viaje junto a esa madre y su hija.
El tiempo pasó volando. Ya había transcurrido un día desde que Luca regresó al país. Esa misma noche, a las nueve, Cristina lo llamó para que fuera a cenar a la casa principal.
Luca se había pasado todo el día lidiando con el asunto de la fusión. Después de varias juntas de todo tipo, por fin logró estabilizar la situación.
Apenas el coche de Luca entró a la propiedad, se dio cuenta de que había un Bentley blanco estacionado a un lado. Denisa también había regresado.
Al entrar, Luca vio a Cristina de pie en la sala, con una expresión de evidente ansiedad.
—Mamá, ¿qué pasa? ¿Por qué estás tan inquieta? —preguntó Luca. Sus ojos afilados leyeron de inmediato la preocupación de su madre.
—Luca, ¿cómo van las cosas en el corporativo? —le preguntó Cristina, dando un paso hacia él.
—Seguimos revisándolo, pero no debería haber mayor problema —respondió Luca.
Cristina suspiró aliviada al escuchar eso, pero enseguida añadió:
—Denisa acaba de llegar y tu abuela la mandó llamar a la planta alta. Hace rato quise subir, pero Martina me dijo que tu abuela no me dejaba pasar. Ahorita no tengo idea de qué está pasando allá arriba.
El rostro de Luca se tensó. Levantó la vista y clavó la mirada en dirección a las escaleras.
—Mamá, ¿pasó algo mientras estuve fuera? —preguntó Luca, mirando fijamente a su madre.
Cristina sabía que no podía ocultárselo, así que le contó la verdad sobre la cita a ciegas que le organizaron a Denisa con Boris. También le confesó que, en plena cita, Denisa le había echado un vaso de agua en la cara al hombre.
—Hizo bien —aprobó Luca de manera inesperada. La expresión de Cristina se volvió algo incómoda.
—Luca, por favor... Boris es parte de la familia extendida, ¿cómo puedes apoyar que Denisa le haya aventado agua en la cara?
—Mamá, ¿qué estaban pensando la abuela y tú? Ese tipo es un divorciado con hijos, una mercancía usada, y además le lleva siete años a Denisa. ¡Pertenecen a generaciones distintas! ¿Cómo se les ocurre arreglarles una cita? —Luca se mostró sumamente molesto; le parecía una estupidez.
Cristina se justificó en voz baja:
—El hombre es un empresario exitoso. Su familia lleva tres generaciones en los negocios, tienen muchísimo dinero. Además, que un hombre sea siete años mayor no es para tanto. Pensé que a lo mejor Denisa podría encontrar temas de conversación con él.
—Boris no me da buena espina. Si Denisa le aventó el agua en la cara, seguro fue por algo —dijo Luca. Dicho esto, su imponente figura se movió de prisa hacia las escaleras.
En el segundo piso, Denisa iba saliendo de la habitación de la abuela, pálida como un fantasma. Parecía tener rastros de lágrimas en las mejillas y retorcía los dedos con nerviosismo. Al ver a Luca, se quedó paralizada un segundo.
Al instante siguiente, las lágrimas que contenía comenzaron a rodar por su rostro como si se hubiera roto un dique.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo