—¡Tío! —gritó Lucía, pegando un salto de la pura emoción.
Las dos pequeñas entrelazaron los dedos y caminaron juntas hasta la entrada.
—Señor Guzmán, ¿tiene algún compromiso más tarde? —preguntó Iria, levantando su pequeña cabecita con un toque de curiosidad.
Erick se desconcertó por un instante, pero una sonrisa iluminó su rostro:
—¿Qué pasa, chiquita?
Enseguida, Iria se volteó a mirar a Natalia:
—Mamá, ¿te acuerdas de que en la mañana dijiste que iríamos de compras en la tarde? Me encantaría que Luci nos acompañara, ya me dijo que sí.
Lucía echó un vistazo furtivo a la expresión de Erick. Sus ojos grandes y brillantes revelaban lo nerviosa que estaba mientras le jalaba suavemente un dedo:
—Ándale, tío...
En cuanto escuchó eso, Erick captó la indirecta de su sobrina a la perfección.
Es verdad que ya tenía planes, pero aun así...
—Esta tarde la tengo libre —dijo con una sonrisa.
Era demasiado tarde para que Natalia impidiera el impulso de su hija. Al escuchar que Erick estaba disponible, la vergüenza fue todavía mayor.
—Mamá, le prometí a Luci regalarle algo. ¿Te acuerdas cuando falté a la escuela porque me enfermé? Luci me trajo dos moñitos súper bonitos —Iria entrelazó sus manitas y le dirigió a Natalia una mirada suplicante—. Ándale, ¿sí? Solo para que Luci elija lo que le guste.
A Natalia le resultaba imposible enojarse con su hija al ver su carita de culpabilidad por haberse saltado las trancas.
—Natalia, ¿no les molestamos? —le preguntó Erick, buscándola con la mirada—. Hace bastante que no paseo con Luci. Si no es mucho encaje de nuestra parte...
Natalia se quedó pensando una fracción de segundo antes de acceder con la cabeza:
—Claro que sí, me parece perfecto. Así las niñas se divierten y de pasada Irita le compra el regalo.
Al escuchar la noticia, las dos chiquitas brincaron de felicidad. De este modo, la cuadrilla de cuatro integrantes emprendió la aventura rumbo a una inmensa plaza comercial cercana.
Como de costumbre, Erick dejó a Lucía en manos de Natalia. Arrancó su camioneta y siguió muy de cerca al Mercedes de ella. Durante la espera en el semáforo, clavó su mirada en el coche gris que iba al frente, sintiendo una mezcla de emociones agolparse en su pecho.
Todo parecía un sueño; después de perseguirlo por tanto tiempo, al fin estaba a punto de tocar tierra. Aunque sentía pánico de despertar de golpe y descubrir que se había desvanecido en el aire.
Una vez en el centro comercial, Natalia los guio hasta una enorme juguetería infantil para que empezaran por escoger los juguetes.
A la cabeza del grupo, las niñas corrían a toda velocidad. Aquellas dos diminutas figuras iban de aquí para allá, curioseando por este lado y por el otro; estaban inmersas por completo en sus juegos.
Relegados a ir un par de pasos atrás, Natalia y Erick fueron presas de la incomodidad de un momento de absoluto mutismo.
Caminaron hasta que a Erick le llamó la atención un artículo de decoración y se quedó parado en seco.
Natalia siguió la trayectoria de su mirada; se trataba de un crucero a escala en el que dominaban el blanco y el azul.
Natalia parpadeó un par de veces. Ese barco se le figuraba bastante familiar, como si ya lo hubiera tenido frente a ella.
Erick señaló el barco de juguete con una gran sonrisa.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo