«Maldita anciana, ¿por qué no te mueres de una vez?», maldijo Denisa en su mente.
—Abuela... —rogó Denisa. Sintió que el mundo se le venía encima, y su voz sonó completamente destrozada. Intentó mostrar sus ojos cristalizados como último recurso—: Mi... mi pie sigue lastimado, el doctor me dijo que debo hacer reposo...
Josefa, por supuesto, ni se inmutó ante su pésimo pretexto.
—Nadie te exigió que leyeras el documento de pie. Puedes entrar rodando tu silla o mandar a que te carguen hasta allá; cómo llegues al lugar, es tu problema. Que te presentes o no, ese sí es asunto mío.
Aquellas frases fueron un ultimátum inapelable.
Denisa apretó los párpados, llena de agonía.
La anciana remató con calma:
—Llevas más de diez años disfrutando la generosidad de la familia Torres. Cuando llega el momento de corresponder, se corresponde. Cuando te toca asumir tu lugar y comportarte a la altura, lo asumes.
—¡Sí, abuela! —contestó Denisa, tomando aire a la fuerza. Se había quedado sin opciones.
En cuanto Cristina se enteró de que el chofer había llevado a Denisa de regreso a la mansión de la familia, volvió a toda prisa. Apenas empujó la puerta de la habitación, encontró a la joven sentada inerte al borde de la cama, como una muñeca que hubiera perdido el alma.
—Denisa, ¿para qué te mandó llamar la abuela? —preguntó Cristina, acercándose apresurada para saber de ella.
Denisa levantó el rostro en cámara lenta para mirarla. Sus ojos se inundaron, y las lágrimas se le escaparon por las comisuras.
—Ey, no llores, explícale a mamá qué pasó —pidió Cristina. Al verla llorar sin consuelo, se sentó junto a ella y le tomó los dedos helados—. ¿La abuela se la agarró contra ti otra vez?
Tratando de estabilizar sus emociones, Denisa le relató todas las exigencias de Josefa. Luego fingió que se le quebraba la voz y sacudió los hombros:
—Mamá, ¿qué hago ahora? ¿Por qué me odia tanto la abuela? ¿En serio estuvo tan mal lo que hice?
A Cristina se le hizo un nudo en la garganta al verla tan frágil.
—Voy a ir a hablar con ella para pedirle que lo reconsidere, apelando a que estás lastimada... —Cristina le dio vueltas al asunto, pero simplemente no toleraba que Denisa pasara por ese calvario.

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