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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 152

Natalia sabía perfectamente que él intentaba aplicar la ley del hielo para evadir el asunto.

Tampoco tenía prisa; tarde o temprano, él tendría que enfrentarlo.

El viernes por la tarde, Natalia recibió una llamada de la escuela. En ese instante, sintió un frío brutal recorrerle el cuerpo. Estuvo a punto de caerse, pero Darío, que estaba sentado a su lado, la sostuvo por puro instinto al verla tambalearse.

—¿Qué pasa? —preguntó alarmado.

—Le pasó algo a Irita... —logró articular Natalia con la voz quebrada y el rostro más blanco que el papel.

—¿Qué fue lo que pasó? —indagó Darío, contagiándose de la angustia.

—Un niño la empujó y eso le provocó una crisis de cianosis por hipoxia. Está grave. Darío, llévame al hospital, por favor —suplicó ella, aferrándose a su brazo—. Maneja tú el coche.

—Claro, vámonos ahorita mismo —asintió Darío. Ambos salieron de la oficina a toda prisa.

Al llegar al estacionamiento del hospital, Natalia prácticamente salió disparada hacia los elevadores, con Darío siguiéndola muy de cerca.

En la puerta de la sala de urgencias, a través de la pequeña ventana de cristal, se alcanzaba a ver a los médicos y enfermeros corriendo de un lado a otro.

Había una pequeña figura tendida en la cama, conectada a un montón de vías. Ver los números parpadeando en el monitor de signos vitales bastó para que Natalia sintiera que se desmoronaba por dentro.

Darío, de pie a su lado, también observaba la escena con un nudo en la garganta.

Una jefa de enfermeras salió a paso rápido y se acercó a ellos:

—Señor Torres, señora Torres, les pido que mantengan la calma. El doctor Díaz está atendiéndola adentro; por ahora, su estado es estable.

Darío se quedó desconcertado; al parecer, la enfermera lo había confundido con Luca.

Poco después, Romeo salió de la sala. Al notar la angustia de Natalia, trató de tranquilizarla:

—Nati, el ritmo cardíaco de Irita ya se normalizó. Pudimos revertir la cianosis.

—Esta vez no pasó a mayores gracias a que la trajeron a tiempo. Pero esto nos sirve de clara advertencia: controlar sus emociones es vital. Llorar muy fuerte, llevarse un susto o cualquier actividad brusca pueden ser detonantes —explicó el doctor.

Romeo se detuvo a observar el semblante pálido de Natalia.

—Te sugiero platicar con la escuela para que le adapten un entorno mucho más específico de ahora en adelante.

Natalia asintió, logrando calmarse un poco. Se masajeó las sienes, con el cabello alborotado y luciendo bastante demacrada.

—De acuerdo, gracias por salvarla, Romeo. ¿Ya puedo entrar a verla? —preguntó ella, reprimiendo sus emociones con voz ronca.

—Puedes pasar, pero le administramos un sedante, así que está profundamente dormida.

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