Dante Montenegro, llegó a Seda Negra, él habitaba aquel lugar algunas veces, él no entraba por la puerta principal como el resto de los clientes, no, claro que no, era el poderoso Dante Montenegro, tenía una imagen que cuidar, era el esposo perfecto, fiel a su esposa perfecta, había una entrada especialmente para él, un privado a donde nadie accedía al menos que él lo autorizara, solo Madame sabía quien era, solo trataba directo con ella, y cuando elegía a una de las prostitutas como él las llamaba, las hacía firmar un contrato de confidencialidad, revelar su identidad a alguien más le costaba su estabilidad en la ciudad, tal vez el país, no se sabe, nadie jamás se había atrevido a ir contra el Ceo Montenegro.
- Que gusto tenerlo de visita tan pronto – Madame entró al privado hecho especialmente para el Ceo.
- Madame. – dijo Dante sentado en el sillón individual, aun así, se veía tan imponente, tan sexi.
- Supongo, que hoy elegirá a alguien de mis damas – Dijo con una leve sonrisa, ella así llamaba a las mujeres que trabajaban ahí.
Dante dibujo en sus labios una sonrisa torcida, ¿Damas? Aquellas mujeres no eran más que prostitutas, pero admitía que algunas cogían mejor que las amantes en turno que tenía.
- Quiero a la prostituta de anoche – Dijo sin rodeos.
Madame arqueo las cejas, trataba de mantenerse calmada, por supuesto que sabía a quien se refería, pero aquella chica ni siquiera trabajaba ahí, solo fue una invitada especial, por decirlo así, es más ni siquiera había tenido la oportunidad de transferirle la cantidad ganada en la subasta, pues su único contacto era Ivy y no le había contestado los mensajes.
- Señor Montenegro, me temo que eso no es posible, la Dama de ayer, solo fue una invitada especial…- Empezó a hablar.
Dante levantó una mano y negó con su dedo índice, él no aceptaba un no por respuesta, se tenía que cumplir sus órdenes sí o sí.
- La quiero aquí ahora, u olvídate de tu estúpido negocio – Sentenció.
Madame trago saliva, no podía simplemente decirle que no, era Dante Montenegro con quien estaba hablando, se levantó del asiento, hizo una reverencia y salió con elegancia, sin demostrar lo desesperada que estaba por dentro, tenía que encontrar a la chica de ayer, no importara lo que tuviera que hacer, dependía de ella para que la furia de Dante Montenegro no cayera sobre ella y su negocio.
Camino a pasos firmes hasta su oficina en su camino se encontró con el hombre con el que Ivy tenía sus encuentros, le hizo una seña para que la siguiera y así lo hizo, una vez que cerró la puerta se desplomo en su silla, recostando su espalda y soltando un gran suspiró.
- ¿Tienes el contacto personal de Ivy? – Preguntó sin rodeos.
El hombro arqueo las cejas, claro que lo tenía, pero tratando de Madame quien lo pedía se le hacía extraño.
- El contacto que dejo no contesta, de seguro debes tener uno más personal de ella – dijo.
El hombro se encogió de hombros.
- Tengo el mismo que usted, pero si me dice que pasa, tal vez pueda ayudar – Comentó con una leve sonrisa.
Madame frunció el ceño, no le quedaba de otra que confiar en él, necesitaba contactar urgentemente a Ivy, ella era la única que podía traer a esa Dama de regreso.
- Necesito que traiga a la Dama de la subasta de ayer ¿La recuerdas? – Preguntó.
Él solo asintió.
- El hombre que pago los seis millones, la quiere otra vez, de lo contrario cerrara Seda Negra – dijo ella, encendiendo un cigarrillo.
- Vamos, Madame, un simple hombre no te puede amenazar, tienes tantos clientes poderosos que pueden ayudarte…-
- El problema es ese, no es un simple hombre, es él más poderoso de todos los clientes de Seda Negra- Lo interrumpió.
El hombre la miró, era la primera vez que la veía así de alterada, sea quien fuera ese hombre, realmente tenía gran poder para que Madame se sintiera amenazada.
- Me tomara media hora en contactar a Ivy – dijo tomando seriedad.
Madame lo observo mientras calaba el cigarrillo, se veía tan confiado, no quería saber cómo lo haría, con que cumpliera era suficiente.
- Gracias. Aleks – Dijo Madame encendiendo otro cigarrillo.
Aleks, salió y se apartó de sus compañeros, para hacer una llamada, traer a Ivy sería muy fácil, pero nadie debía saber como lo haría, sería un secreto y no lo hacía solo para ayudar a Madame, realmente quería ver a esa sexy rubia que lo dejo con ganas de coger, no tuvo suficiente la noche anterior.
- Trae a Ivanna Montenegro – Dijo él con una voz autoritaria y fría, una vez que la persona contesto el teléfono, no espero respuesta y colgó.
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Ivanna estaba haciendo compras, le gustaba gastar dinero sin medirse, su hermano Dante no se lo prohibía, aunque sus padres si, incluso se atrevieron a congelarle todas sus cuentas bancarias, pero su querido hermano mayor, abrió una cuenta especialmente para ella y le entrego una tarjeta sin límites.
Estaba eligiendo lencería sexy, cuando fue rodeada por un grupo de hombres vestidos de negros, grandes, mal encarados, pero no podía negar que se veían sexys, cruzo los brazos y los miró con una sonrisa, ella no se intimidaba fácilmente, nadie en su sano juicio se atrevería a hacerle algo a ella, la hermana menor de Dante Montenegro y menos con tantos testigos presentes.
- Señorita, por favor, venga con nosotros – Dijo uno de ellos, sus palabras amables no iban para nada con su físico.
Ivanna mordió su labio inferior, podía solamente negarse, pero a ella le fascinaba la aventura, la adrenalina, así que, sin pensarlo más acepto, después de todo los testigos estaban, si ella no aparecía en un par de horas, Dante no se quedaría de brazos cruzados de eso estaba muy segura.
Fue guiada por ese grupo de hombres hasta un coche negro, subió en la parte de atrás y estuvo tranquila todo el camino, mirando su celular, el cual extrañamente seguía teniendo cobertura, eso significaba que no estaba siendo secuestrada, tampoco parecía que quisieran hacerle daño, saco de su bolsa otro teléfono, el que usaba cuando era Ivy, al encenderlo recibió mensajes de Madame, primero le decía que quería una cuenta para transferir el dinero obtenido de la subasta, se le había olvidado por completo, después otro de hace menos de una hora que le exigía verla.


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