Chloe fue llevada una habitación para que fuera preparada para la subaste, Ivanna estaba con ella, parecía conocer todo a la perfección.
- Quiero usar esta lencería – Dijo Chloe al ver como su amiga sacaba unas prendas de un armario, todas llevaban etiquetas – Use la tarjeta de Dante para pagarla, así que quiero que otro hombre me la quite -Se excuso.
- Claro, dulce venganza – Ivanna dejo aquellas prendas y se acercó al tocador tomo unos perfumes caros, pero diferentes a los que Chloe usaba.
- Lo sé – Dijo en un bajo susurro.
Chloe miró su cuerpo frente al espejo, solo usaría la lencería de encaje negro, para la subasta, su cuerpo estaba bien proporcionado, pero nunca se notaban en aquellos trajes de sastre de Señora que usaba diario, pero esa noche, sería diferente.
Tocaron la puerta, Ivy abrió, era uno de los hombres de Madame.
- Todo está listo, ya debe salir – Dijo el hombre.
Ivanna acompaño a Chloe hasta el pasillo trasero, no había una puerta sino un espeso cortinaje de color borgoña, como si fuera un telón para una obra que estaba por comenzar, en el centro había una caja grande de cristal.
Dos hombres abrieron la caja de cristal, ella asintió y con el cuerpo tembloroso entro.
- Suerte, amiga – Sonrió Ivanna. Quien después se alejó, pues la subasta estaba por iniciar.
La cortina se abrió de manera repentina, la luz la golpeo, era baja de un tono ámbar oscuro, provocando una atmósfera espesa, ella estaba en una tarima alta, dentro de aquella caja de cristal, como si fuera la mercancía a comprar, corrección, era la mercancía a ser comprada. Observo todo a su alrededor, había mesas redondas, donde hombres, ricos, viejos, jóvenes, la devoraban con la mirada, sobre las mesas había botellas de las más caras.
Sentía el aire espeso, con deseos que no se disimulaban para nada, todos esos hombres estaban listo para comprar a la mercancía que estaban por subastar, pero ¿Quién sería el mejor postor?
Madame hizo acto de presencia caminando con elegancia y sensualidad, tomó el micrófono y saludo a todos los invitados.
- Caballeros, sean bienvenido- Anunció Madame- Está noche, Seda Negra, ofrece una joya pura – Señalo a la chica en la caja de cristal.
Madame camino hacia ella, sin abrir la caja de cristal, no era necesario que Chloe hiciera algo, así como estaba llamaba la atención de muchos hombres y de eso ya se había dado cuenta Madame.
- Aquí tenemos, la mercancía más rara y preciosa de todas: La primera Vez- Continúo sin dejar de sonreír.
El silencio fue un silencio absoluto, Madame saboreaba el momento, esa subasta sería muy jugosa.
- Empezamos con medio millón. Se subasta la primera noche de Gala, una experiencia inigualable-
Chloe se asombro ante la cantidad de inicio, por unos segundos empezó a dudar que alguien pagara esa cantidad por la primera vez de una mujer desconocida.
- Setecientos mil – Gruño, el hombre no era para nada agraciado del rostro, aunque llevara un antifaz podía simplemente darse cuenta de eso, incluso provoco asco en ella.
Las ofertas comenzaron a subir rápidamente, todo hombre ahí era rico, poderoso, no se dejarían humillar.
- Ochocientos cincuenta mil – Hablo un hombre joven, proveniente de unas mesas al lado del hombre fornido y nada agraciado.
- Novecientos mil – Dijo el hombre robusto.
- Un millón – Se escucho seguido de aquel hombre, pero una voz más al fondo de la sala.
- ¡Un millón! ¿Quién ofrece un millón cien mil? - Madame golpe el atril con un martillo de ébano – Recuerden, será el primero en penetrar a esta hermosa mujer- Dijo.
Y esas palabras calentó mas el ambiente, más hombres comenzaron a subir la oferta, un millón doscientos, un millón trecientos.
- ¡Dos millones y medio! – Grito otro hombre levantándose de la mesa, siendo una oferta muy grande de un momento a otro.
Madame sonrió, complacida de lo que esa subasta estaba causando - ¿Solo dos millones y medio, por la primicia? – Preguntó con una suave, pero retadora voz.
Pero nadie más subía la oferta.
- Tres millones – Dijo el hombre robusto.
Chloe lo miró, ese hombre le causaba asco, ahora si empezaba a arrepentirse de la estupidez que estaba haciendo. Miro a todas partes, ya nadie ofrecía más, ¿O sea que le daría su virginidad a ese asqueroso? Mordió su labio inferior tratando de controlar sus nervios, su miedo.
- Tres millones, ¿Alguien más? – Madame hizo una pausa con el martillo suspendido en el aire- Va una…- Pauso de nuevo, pero ya nadie decía nada, era un silencio total – Va dos…-

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