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Obligada A Ser Su Amante romance Capítulo 1

Selene no dejaba de observar la última publicación de Alejandro Urdiales en redes sociales.

El hombre, arrodillado frente a una hermosa chica de pelo rubio y ojos celestes, le pedía matrimonio.

La escena era digna de un cuento de hadas. Flores. Un cielo estrellado y las olas rompiendo de fondo. Incluso podía imaginarse el sonido que hacían al chocar con la orilla.

Limpió una lágrima silenciosa que se deslizó por su mejilla, mientras notaba cómo la publicación aumentaba en likes y comentarios sobre felicitaciones.

Sumergida en aquella tortura, recordó cómo había iniciado su relación con el hombre.

—Por favor, opera a mi madre. Haré lo que quieras —había suplicado casi de rodillas.

Él había pasado de ella, viéndola como si fuera insignificante, pero insistió tanto, lo persiguió hasta el cansancio, que terminó quitándole la virginidad en un baño de la clínica.

Y allí, frente al lavabo, con la máscara de pestañas corrida, vio su reflejo en el espejo que le decía:

—Estuvo bien, pero no lo suficientemente bien para costear una operación de miles de dólares. ¿Tienes algo más que ofrecer aparte de ese cuerpo tuyo?

Inmediatamente, pensó en la casa alquilada donde vivían, en su hermanita con síndrome de Down, en su trabajo de medio tiempo y en sus estudios recién iniciados. Aparte de ochenta dólares en su bolsillo no tenía nada más que ofrecerle.

Y él lo leyó en su expresión, porque con una sonrisa arrogante, dijo:

—Lo suponía.

—Por favor… —suplicó de nuevo, viéndolo darle la espalda para marcharse.

La miró por encima del hombro antes de decir:

—Tu cuerpo no es gran cosa para mí. Ni porque me lo des mil veces podrías pagarme. Pero seré generoso esta vez —se burló en un tono cínico—. Haremos un trato. Tres años siendo mi amante y quizás con eso podría bastarme. Pero si no es así, entonces me darás el dinero.

—Está bien —no lo meditó demasiado antes de responder. No tenía tiempo para eso. La vida de su madre estaba en juego.

De eso habían pasado ya poco más de dos años. Su relación con Alejandro había sido redactada en un documento que había firmado sin saber que después de estampar su firma se vería obligada a estar a su merced siempre que al hombre le apeteciera, cosa que, para su mala suerte, era muy frecuente, ya que incluso ese día, luego de pedirle matrimonio a aquella mujer, había solicitado su presencia en su departamento.

Por un momento pensó que aquella reunión era para ponerle un fin a todo esto. Ahora que finalmente se casaría, lo más lógico era que ya no quisiera que siguiera siendo su amante. Era unos meses antes de lo estipulado, pero estaba bien con esa decisión.

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