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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1602

Sentí un dolor y una culpa muy fuertes en el pecho, tanto que hasta me costaba respirar. Mateo se me quedó mirando fijo cuando vio que no decía nada por un buen rato; buscó mi mano, la sostuvo y me preguntó:

—¿Qué pasa?

—Nada, solo tengo un poquito de frío —le respondí en voz baja.

Mateo me apretó la palma de la mano suavemente y me dijo que las tenía muy frías. Después de eso se quitó la chamarra, me la puso en los hombros y me abrazó contra su pecho.

—¿Tienes hambre? —me preguntó en voz baja.

—No tengo —dije de inmediato, por puro instinto, y él se rio un poco.

—Yo sí. Vamos, te llevo a comer algo.

Escuché la voz de Mateo, grave y cariñosa, como si hoy no hubiera desaparecido yo. Pero antes las cosas no eran así; antes, si yo me perdía sin motivo y no le contestaba el celular, él se ponía furioso y hasta me castigaba de forma dominante.

Sin embargo, en ese momento se portaba conmigo todavía más atento que de costumbre. No tenía que ser así; Mateo no tenía por qué portarse tan cuidadoso ni tan contenido conmigo. Era obvio que él se moría por saber por qué desaparecí hoy.

Me detuve y levanté la cara para verlo. Él se quedó un momento desconcertado y me sonrió:

—¿Qué pasa?

—¿Por qué no me preguntas a dónde me fui cuando iba por los niños? ¿Por qué no me preguntas por qué no te contesté ninguna llamada?

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