Gael manipulaba rápidamente su cubo Rubik.
—Si ella me dijo que no, ¿por qué insistiría? Si me ofrezco demasiado, capaz y piensa que me gusta.
Nanette estaba bebiendo agua y casi se atraganta.
—¿De verdad tienes que ser tan calculador?
—Por supuesto. Las mujeres son un problema; cuanto más lejos, mejor.
Nanette soltó una carcajada.
—¿Acaso yo no soy mujer?
—Tú eres diferente. Tu lugar en mi vida no es como el del resto de las mujeres.
—¿En qué soy diferente?
—Eres mi familia. La única que tengo.
El corazón de Nanette dio un vuelco. Le dio unas palmaditas en el hombro.
—Entonces, ¿a dónde yo vaya en el futuro, tú me seguirás?
Gael ni siquiera lo dudó.
—Por supuesto.
—¿Y si me voy de Nube Alta?
—Me voy contigo.
Esa respuesta volvió a calentar el corazón de Nanette.
Gael detuvo sus manos, giró la cabeza y la miró fijamente.
—¿Vas a dejar Nube Alta?
Nanette sonrió.
—No, es solo un ejemplo.
Nube Alta era una plataforma increíble; no tenía intenciones de marcharse.
Gael volvió a concentrarse en su cubo Rubik. Sus siguientes palabras sonaron distraídas, pero con un fondo de seriedad.
—Si algún día decides buscar otro camino, dímelo.
Nanette bromeó.
—El Sr. Cortés te está entrenando para ser clave en la empresa. Si te vas así como así, ¿no serías un malagradecido?
—De todos modos, él no me culparía.
—Solo quería ir a platicar con mi Diosa.
Noel le lanzó una mirada de advertencia.
Isaac fingió recordar de golpe.
—Ah, cierto. Mi resfriado aún no se ha curado por completo. Usted me dijo que no podía acercarme a la Srta. Larco en estos días. Ya veo que el virus me afectó la memoria.
Durante todo el día, Nanette no volvió a cruzar palabra con Noel. No porque ella no quisiera, sino porque parecía que se habían convertido en los polos opuestos de un imán: cada vez que ella se acercaba, él tomaba distancia.
Nanette finalmente entendió que Noel la estaba evitando a propósito. No sabía exactamente cómo sentirse, solo que su pecho se oprimía con una ligera decepción.
Esa misma dinámica continuó hasta el último día de la competencia. Si por casualidad se cruzaban, Noel la saludaba con extrema cortesía profesional, como si fuera una desconocida. Saludaba y se iba, sin dudar un segundo.
Esa frialdad comenzó a irritar a Nanette, y poco a poco, la tristeza se transformó en enojo.
El último día del evento, ambos coincidieron frente a la puerta de sus habitaciones en el hotel.
Isaac sonrió de oreja a oreja y agitó la mano para saludar a Nanette.
Ella fingió no verlo y pasó de largo sin mirarlo.
La sonrisa de Isaac desapareció de golpe.
¡Genial! Los platos rotos los terminaba pagando él.

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