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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 582

Nanette apretó los labios y clavó la mirada en el rostro de Camila.

—¿Por qué pensarías algo tan retorcido de mí? Creíste que, por envidia de que te gustara Noel, maquiné todo para alejarte de él y empujarte a la cama con Venancio.

»Que hayas pensado eso me deja completamente atónita y decepcionada. Jamás imaginé que mi mejor amiga, a la que conozco desde hace tantos años, fuera capaz de decir algo así.

»¡Pensar de esa manera es una ofensa terrible tanto para mí como para Venancio Lenso!

—Camila, te lo diré por última vez —añadió Nanette, con los ojos empañados por la desilusión—. Tanto Venancio como yo te consideramos una amiga de verdad, parte de nuestra familia. Por eso sentíamos que podíamos hablar de todo contigo. Es imposible que te tengamos envidia y mucho menos que queramos hacerte daño. Si sigues empeñada en creer que estamos conspirando en tu contra, entonces hasta aquí llegó nuestra amistad.

Camila se quedó atónita.

—¿Quieres romper nuestra amistad?

Nanette dejó escapar un suspiro pesado.

—No soy yo la que quiere romperla. Eres tú la que me ha estado empujando lejos, cortando poco a poco los lazos que nos unían.

Camila apretó los labios y el silencio reinó en la mesa por un largo rato.

—De verdad lamento mucho lo que dije.

—No vine aquí buscando una disculpa —replicó Nanette—. Vine porque esperaba que te dieras cuenta de dónde te equivocaste.

—¿Equivocarme?

—Sí, equivocarte.

—Ja —soltó Camila una risa amarga—. ¿O sea que lo que Venancio me hizo también fue culpa mía?

—En eso, no tuviste la culpa. Pero Venancio tampoco actuó con malicia. Si vamos a culpar a alguien, la culpa es de la tiranía de su padre y de las malas jugadas del destino.

La furia comenzó a encenderse en los ojos de Camila.

—¿Entonces simplemente me tocó aguantarme y ya?

Nanette se quedó sin palabras.

Sentía que estaba hablando con la pared. Camila era una mujer brillante, una profesional destacada. ¿Por qué de repente se había vuelto tan obstinada y ciega?

—Venancio no es un hombre que huya de sus responsabilidades. Hoy mismo regresa a San Lirio. Hablará contigo y arreglará las cosas.

Agotada mentalmente, Nanette optó por guardar silencio.

El mesero llegó con los platos. Por defecto, el corte de carne venía en término medio, aún con un hilo de sangre asomándose.

Al ver la sangre, a Nanette se le revolvió el estómago.

—Disculpe, olvidé mencionarlo. ¿Podría pedir que me lo hagan bien cocido, por favor?

El mesero asintió y se llevó el plato.

Camila esbozó una media sonrisa cargada de ironía.

—Es innegable que tienes mucho en común con el señor Cortés. Hasta para la carne tienen las mismas exigencias; los dos la piden bien cocida.

Ese fue el límite para Nanette.

—No quiero hablar de Noel, y no necesito que me lo estés restregando en la cara con sarcasmos. Dime, ¿qué diferencia hay entre tu forma de hablar ahora y la de Yolanda Camoso o Dina Godoy?

»Camila, no te rebajes a su nivel. Si sigues comportándote así, lo único que vas a lograr es que todos terminemos perdiéndote el respeto.»

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