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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 501

Nanette le lanzó una mirada.

—¿Quién dijo eso?

—No importa quién lo haya dicho, solo quiero saber si tú también sientes algo por Noel.

—Yo no...

¡Espera!

¿Por qué tenía que responderle esa pregunta a Galileo Godoy?

¡Qué extraño!

—Sin comentarios.

Los oscuros ojos de Galileo se clavaron en ella.

—Entonces, ¿sí te gusta?

—¡Estás loco!

Nanette no quería seguir perdiendo el tiempo con él, así que se dio la vuelta para irse.

Galileo se interpuso en su camino.

—Dímelo claramente.

Nanette no pudo soportarlo más.

—¡Sí, me gusta! ¡Me gustan todos los hombres del mundo! ¿Contento?

—¡Nanette! —exclamó Galileo, exasperado—. ¿Tan difícil es que me digas la verdad por una vez?

—¡Sí! —La mirada de Nanette estaba llena de reproche—. ¡Tan difícil como cuando yo quería escuchar una sola palabra sincera de tu parte!

Galileo se quedó mudo.

Para cuando reaccionó, Nanette ya se había ido.

Él esbozó una sonrisa amarga.

Esa mujer sí que sabía cómo manipularlo.

Bastaba con que sacara a relucir el pasado para dejarlo completamente indefenso.

Al fin y al cabo, era cierto que él le había fallado.

Al pasar por la estación de enfermería, una enfermera le dijo a Nanette:

—Señorita Larco, la paciente acaba de despertar.

Nanette iba a bajar a comprar algunas cosas, pero no se quedaba tranquila dejando a Tina sola, temiendo que se asustara al despertar, así que le pidió a la enfermera que la vigilara un momento.

—Gracias. Disculpe, ¿el hospital cuenta con cuidadores profesionales?

Ella todavía tenía que trabajar y no podía quedarse cuidando a Tina todo el tiempo, así que necesitaba contratar a alguien.

La enfermera sacó una tarjeta de presentación de un cajón.

—Sí, llame a este número y le enviarán a alguien.

Tina movió los ojos, con expresión desorientada.

—¿Estoy en el Inframundo? ¿Quién eres tú? ¿Viniste a llevarte mi alma?

Nanette sintió una punzada de dolor.

¿De dónde había sacado esos términos una niña de trece años?

Seguramente sabía que le quedaba poco tiempo de vida y había leído en internet sobre la muerte.

Nanette le regaló una sonrisa brillante.

—¿Acaso en el Inframundo hay recolectoras de almas tan bonitas?

Tina se esforzó por pensar.

Probablemente su mente aún estaba nublada. Lo pensó un buen rato y luego negó con la cabeza.

—No.

—Tontita —dijo Nanette, tocándole suavemente la nariz—. ¿Dónde leíste esas cosas?

—En internet. —La respiración de Tina era inestable, pero hablaba con mucha seriedad—. En internet dice que cuando las personas mueren, van al más allá. Ahí no solo hay un infierno, sino que también están Las Trece Estaciones del Inframundo.

—¿Trece estaciones?

—Sí. La primera estación es la entrada. La segunda es el Camino de las Almas, que está lleno de La Flor del Más Allá. La tercera es la Terraza de los Suspiros, y la cuarta es el Desfiladero de las Bestias... Yo quiero ir al Desfiladero de las Bestias.

Nanette humedeció un hisopo con agua y se lo pasó suavemente por los labios resecos a Tina, haciéndole compañía y escuchándola con paciencia.

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