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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 455

El hombre avanzó con pasos largos y seguros, y tomó asiento junto a Noel.

Alzó la mirada y examinó el rostro ensombrecido de Venancio.

—Parece que llegué en mal momento.

Noel le pasó una copa de vino.

—Acaba de pelearse con Camila, está de mal humor.

El hombre no parecía muy dado a sonreír.

—¿El joven Venancio peleando con una mujer? Eso es nuevo.

Venancio, todavía furioso, no tardó en devolverle el golpe:

—¿Y me vas a decir que tú nunca te has peleado con una mujer?

El hombre no se inmutó en lo más mínimo.

—Me gustaría, pero no tengo con quién.

Aquella frase encerraba demasiadas cosas ocultas.

Pero no era el lugar ni el momento para indagar.

El hombre giró la cabeza y miró a Nanette por encima de Noel.

—Señorita Larco, un placer.

Nanette se quedó perpleja.

—¿Me conoces?

—Hasta hoy no. Pero gracias a Noel, que no para de hablar de ti a todas horas, siento que ya te conozco.

«Esa forma de decirlo sonó un tanto extraña», pensó Nanette.

—Él es Xavi, Xavier Solano —los presentó Noel.

Nanette le tendió la mano.

—Mucho gusto.

Xavier se limitó a lanzar una mirada fría a su mano extendida.

—Lo lamento, no les doy la mano a las mujeres.

«Ah».

Nanette retiró la mano, sintiéndose incómoda.

«¿Es germofóbico?».

«¿O acaso es de los que guardan su pureza de forma extrema?».

Noel frunció levemente el ceño a modo de advertencia.

—Xavi, no te pases.

Xavier emitió un ligero bufido.

—Con razón Venancio dice que prefieres a tu novia antes que a tus amigos. Ahora veo que es verdad.

En lugar de enojarse, Noel soltó una carcajada.

—¿Y qué con eso? ¿Quieres que te parta la cara como a él?

Al escuchar eso, a Venancio se le bajó un poco el coraje y se acercó a los dos, muy interesado en el drama.

—¡Oigan! Ahora que lo mencionan, siempre he sido yo el que pelea con Noel o contigo. Ustedes dos jamás se han enfrentado frente a frente. ¿Por qué no lo intentan ahora mismo?

—No hace falta. A lo sumo, quedaríamos en empate —dijo Xavier.

—¡Bah! —Venancio chasqueó la lengua—. Noel entrena desde que era un mocoso, no sé cómo tienes el descaro de decir eso.

«Qué curioso que alguien que ya estuvo casada todavía tenga esa inocencia», pensó divertido.

Venancio estaba listo para seguir con sus indirectas.

Cuando, de la nada, una mano se cerró con fuerza alrededor de su cuello.

Un pinchazo de dolor agudo le recorrió el cuerpo.

Venancio hizo una mueca de dolor.

—¡Noel, suave, suave! ¡Ya no la molesto más, lo prometo!

Noel lo soltó.

—Vete a sentar allá.

Venancio, como niño regañado, se fue a sentar enfrente.

Pero apenas apoyó el trasero en el sillón, le volvió a lanzar una mirada burlona a Nanette. Era una sonrisa que pedía a gritos un golpe.

Nanette, furiosa, agarró una mandarina y se la lanzó con todas sus fuerzas.

Venancio peló la mandarina y se metió un gajo a la boca, burlándose de ella.

Luego hizo el amago de lanzarle el resto a Nanette.

Ella, asustada, se cubrió la cara rápidamente.

Pero Venancio no le lanzó nada.

Solo quería asustarla.

De repente, Noel se acercó al oído de Nanette y le susurró algo.

Nanette, al escucharlo, esbozó una sonrisa diabólica, se frotó las manos y se lanzó contra Venancio.

A los pocos segundos, los gritos de Venancio pidiendo piedad resonaron por toda la habitación.

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