Admitía que había sido demasiado susceptible.
Pero no pensaba disculparse enfrente de todos.
A Venancio todavía le ardía el orgullo por su última pelea, por eso no le avisó de la reunión a propósito.
Sabía que, le dijera o no, iba a ir de todas maneras.
Isaac, al ver el polvorín a punto de estallar, jaló a Hugo para resguardarse en un rincón.
No querían salir embarrados.
Nanette estaba muy confundida.
¿Qué demonios estaba pasando?
Su idea original era usar la despedida para que limaran asperezas.
Pero todo se había puesto diez veces peor.
—Camila —dijo Venancio con el ceño fruncido—, te di la oportunidad de arreglar las cosas y tú la pateaste. ¿Quién te crees que eres? ¿Esperas que me arrodille y te suplique?
Camila soltó una risa sarcástica.
—Por mí perfecto. Si quieres arrodillarte y suplicar, adelante, no te detengo.
Venancio dejó escapar un largo suspiro de pura frustración.
—¿Viniste nada más a arruinarnos la noche y amargarme la existencia? Si no querías estar aquí, no hubieras venido, nadie te obligó.
—¡Uy, sí, me moría de ganas de venir! Si Nanette no me hubiera arrastrado hasta aquí, jamás habría asomado la cara. ¿Quién te crees? ¿Acaso eres un VIP para que te andemos haciendo despedidas?
«Ahora resulta que es mi culpa», pensó Nanette.
Venancio estaba tan furioso que se quedó sin palabras.
Noel se frotó la frente antes de intervenir:
—Camila, Venancio se va mañana. Sé un poco más tolerante.
A Camila le dio un pinchazo en el corazón.
—Eso que me acabas de decir... ¿me lo dices como mi jefe o como mi amigo?
Si se lo decía como jefe, se aguantaría.
Pero si se lo pedía como amigo...
¡Ni loca!
—Como amigo —respondió Noel.
—¡Perfecto! ¡Pues ya que somos amigos, seré completamente sincera!
Camila seguía con los nervios a flor de piel.
—¿Y por qué tengo que tolerarlo yo? ¡¿Quién se cree que es para que yo tenga que agacharle la cabeza?!
—¡Carajo!
Venancio soltó una patada brutal contra el sofá.
—¡Esto es el colmo!
El ambiente en la habitación se volvió sofocante.
Una fiesta de despedida arruinada en un abrir y cerrar de ojos.
Venancio, ciego de rabia, no midió sus palabras:
—¡Lárgate de aquí y no vuelvas! ¡No quiero volver a verte en mi maldita vida!
Camila salió corriendo como alma que lleva el diablo.
No solo a Noel le parecía extraño todo esto.
Nanette también sentía que algo no cuadraba.
Conocía a Camila desde hacía años, sabía cómo respiraba.
Últimamente, parecía que Camila cargaba con una pesada losa encima.
Solo que no quería soltar prenda sobre lo que la atormentaba.
Fiel a su costumbre de no presionar, Nanette había preferido no insistir.
Nanette soltó un suspiro.
—Noel, por más fuerte que sea la amistad... ¿crees que el tiempo termina marchitándola?
Noel fue directo al grano:
—Si es amistad de verdad, no.
En ese momento, la puerta del privado se abrió.
Nanette creyó que era Camila, que había recapacitado y vuelto.
Pero quien cruzó el umbral fue un hombre alto, esbelto y de una belleza casi irreal.
Al lado de Venancio y Noel, no tenía absolutamente nada que envidiarles.
Este debía ser, sin lugar a dudas, el famoso dueño de Cúpula Noir.
El tal «Xavi» del que tanto hablaban Noel y Venancio.
Era muy cierto el dicho de que dios los hace y ellos se juntan.
Todos eran la flor y nata de la sociedad.

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