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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 440

—¿Qué pasa entre Noel y yo?

Sabina hizo una pausa y luego sonrió.

—Nada, solo me parece que ustedes dos se llevan muy bien.

Nanette no le dio mucha importancia.

—Sí, tenemos mucho en común y compartimos varias aficiones, por eso es fácil platicar con él.

—Y dime, ¿qué piensas de él como persona?

Nanette se quedó pensativa.

—Madrina, ¿por qué me hace la misma pregunta?

Sabina esbozó una sonrisa.

—¿Quién más te lo ha preguntado?

—Camila.

—¿Tu mejor amiga?

—Sí.

—¿Y qué le respondiste?

Nanette lo pensó un buen rato.

—No me acuerdo.

Al decirlo, soltó una carcajada.

—Dicen que el embarazo te vuelve olvidadiza, y creo que mi memoria está empeorando. ¿Será que me estoy volviendo tonta?

Sabina la miró con la misma ternura con la que se mira a una niña pequeña e inocente.

—Sí, la verdad es que pareces un poco tontita.

Nanette hizo un puchero.

—¿De verdad?

Sabina le acarició el cabello.

—Pero solo en un tema en específico. En todo lo demás sigues siendo muy brillante.

—¿Y en qué tema me he vuelto tonta?

Sabina sonrió y no respondió.

Nanette insistió.

—¡Madrina, dígame! ¿En qué me volví tonta?

Sabina decidió que era mejor no decirle nada.

Había cosas que era mejor no saber.

A veces, saber la verdad solo lograba que la relación se volviera incómoda.

Qué niña tan ingenua.

Cualquiera que los viera juntos se daría cuenta de inmediato.

Solo ella no lograba verlo.

Pero Sabina podía entenderlo.

Nanette acababa de salir de un matrimonio fracasado, era lógico que su mente no estuviera puesta en el romance.

Y eso estaba bien.

—No tengas miedo, cuando llegue el momento, tu padrino y yo estaremos ahí contigo.

—Yo... —interrumpió Noel de repente, pero dejó la frase a medias.

Nanette y Sabina lo miraron, esperando a que continuara.

Pero pasaron los segundos y no dijo nada más.

Sabina se impacientó.

—¿Qué pasa, Noel? Continúa, no nos dejes con la intriga.

La expresión de Noel se volvió un poco incómoda.

—Cuando llegue el momento... ¿podría yo...?

Se quedó en silencio otra vez.

Sabina ya estaba perdiendo la paciencia.

—Muchacho, ¿por qué le das tantas vueltas? ¿Podrías qué? ¡Dilo de una vez!

El rostro de Noel reflejó un leve nerviosismo.

—Cuando nazca el bebé... ¿podría ser yo el primero en verlo?

Sabina soltó una carcajada.

—¡Qué muchacho tan ocurrente! Cuando llegue el momento, todos estaremos ahí acompañando a Nanette. Por supuesto que podrás verlo en cuanto nazca.

—Pero yo... quiero ser el primero en verlo.

Nanette, que estaba comiendo su camote asado, se quedó muda. Abrió la boca, sorprendida, y preguntó:

—¿Por qué?

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