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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 421

Nanette Larco respiró hondo, esforzándose por calmar la agitación que le oprimía el pecho.

—No la mires, es horrible.

Pero esta vez, Noel Cortés fue inusualmente terco.

—Déjame verla.

Tras unos segundos de denso silencio, Nanette levantó el borde de su blusa, dejando al descubierto su cintura.

En el lado derecho, lucía una cicatriz del tamaño de un puño. El paso de los años la había atenuado a un tono rosado pálido, pero sus bordes serpenteantes seguían viéndose feroces y desagradables. Sobre su piel radiante y suave, destacaba de forma alarmante.

Era fácil imaginar el dolor agudo y desgarrador que debió sentir cuando se quemó. Y sin recibir la atención médica adecuada a tiempo, el tormento debió haber sido insoportable.

Los dedos de Noel se detuvieron a milímetros de rozar la herida.

Todo el dolor que reflejaban sus ojos se transformó en un pesado suspiro.

—¿Lloraste?

Nanette bajó la blusa.

—No. Porque sabía que llorar no servía de nada.

Lo había intentado en el pasado. Creyó que sus lágrimas ablandarían el corazón de Eloísa. Pero no fue así. Al contrario, a su madre adoptiva solo le pareció ruidosa, un estorbo que no sabía comportarse. Así que, desde entonces, Nanette no derramaba lágrimas con facilidad. Aunque últimamente, con el embarazo, sentía que sus emociones estaban a flor de piel.

La mano de Noel finalmente se posó en la nuca de la joven, acariciando su cabello con una ternura infinita.

—A partir de ahora, si te duele, llora todo lo que quieras.

Nanette sonrió con amargura.

—¿Y de qué me serviría?

—De mucho —respondió él.

—¿Ah, sí? ¿De qué?

—Si lloras, sabré que te duele, y buscaré la manera de quitarte ese dolor.

La mirada de Nanette se quedó anclada en el rostro del hombre por unos segundos.

—¿Por qué eres tan bueno conmigo?

—Porque tú también eres muy buena conmigo.

Ella lo pensó un buen rato.

—Que yo sepa, no he hecho nada especial por ti.

Una sonrisa levísima asomó a los labios de Noel.

—Sí lo hiciste. Hoy mismo.

Nanette seguía sin entender.

—¿Hoy? ¿Qué hice?

—Te preocupaste por mí.

—¿Y eso es ser buena contigo?

Un destello de anhelo cruzó la mirada de Noel.

Nanette entonces recordó y sonrió.

—Parece que no tendrá que esperar hasta mañana. Hoy mismo conocerá en persona al líder de la alianza King.

Tocó el timbre.

La puerta se abrió casi de inmediato.

Gael Solano apareció llevando únicamente unos pantalones de pijama, con el torso completamente desnudo. Sus músculos bien definidos y la línea perfecta de su abdomen eran, francamente, un deleite visual. Como alguien que sabe apreciar la belleza, Nanette no se cortó y lo miró un par de veces más de la cuenta.

De repente, su visión se oscureció.

Noel le había tapado los ojos con la mano y ordenó con voz grave y autoritaria:

—Ve a vestirte.

Con lo rebelde que era, Gael estuvo a punto de soltar una respuesta sarcástica cruzándose de brazos, pero se lo pensó mejor. Ese hombre venía con Nanette.

Sin decir una sola palabra, se dio la vuelta y volvió a la habitación.

Cuando salió de nuevo, estaba completamente vestido.

Demasiado vestido, de hecho...

Nanette no pudo evitar soltar una carcajada.

—¿No crees que vas demasiado formal?

Traje sastre, pantalón de vestir... solo le faltaba la corbata.

—Aunque debo admitir que te queda bastante bien.

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