Venancio se metió a la fuerza entre ellos.
—Yo también juego.
Camila se burló:
—Esta es una cena de nuestra empresa, ¿tú de qué te entrometes?
Venancio: —Si nos ponemos así, la próxima vez que el Grupo Larco tenga una cena, ni sueñes con que te dejaré ir.
Camila soltó una carcajada. Se le había olvidado por un momento que Venancio y Nanette eran los principales accionistas del Grupo Larco.
Pero como Nanette no tenía experiencia administrando, Venancio era quien terminaba gestionando casi todo. Detrás de su fachada de niño rico mujeriego, cuando se trataba de negocios, era el más serio y calculador de todos. Esa era una de las razones por las que Camila lo respetaba tanto.
Todos le cedieron el asiento principal a Noel.
Nanette estaba buscando dónde sentarse cuando Venancio le dio un ligero empujón.
—Siéntate ahí junto a Noel.
Nanette no lo pensó demasiado y, como le habían hecho espacio al lado de él, se sentó allí.
Las reglas del juego eran sencillas: el que sacara el comodín sería el moderador. Este elegiría un número al azar y quien tuviera esa carta debía elegir entre "Verdad" o "Reto".
Si no querían responder ni cumplir el reto, el castigo era tomarse una copa de vino entera.
Para evitar emborracharse tan rápido, casi todos preferían participar.
En la primera ronda, Camila fue la elegida.
—¡Elijo Verdad!
El moderador preguntó: —¿Cuál es la comida que más detestas?
Justo cuando Camila iba a responder, Venancio le tapó la boca.
—¡Qué porquería de pregunta es esa! ¿Por qué no mejor le preguntas qué desayunó hoy?
El moderador rio.
—Solo estaba calentando motores. Tenía miedo de hacer una pregunta muy fuerte y que Camila se molestara.
Venancio: —Eso demuestra que no la conoces. Su mayor virtud es que aguanta todo. No tengas miedo, pregúntale algo atrevido.
Camila sonrió con los dientes apretados.
—Venancio, ¿tienes ganas de morirte?
Él le guiñó un ojo.
—Si me muero, te llevo conmigo al infierno.
El moderador aprovechó la dinámica entre ambos.
—Perfecto, entonces cambiaré la pregunta.
—Camila, de todos los hombres presentes en esta mesa, ¿hay alguno que te guste?
Camila respondió sin dudar un segundo:
—¡Sí!

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