Lo que ella menos quería en el mundo era que Noel Cortés se esforzara tanto por ella.
Melba aún sentía que no podía estar tranquila.
—Además, con este embarazo, cuando pasen los meses se te va a notar la barriga. Por favor, los Godoy no pueden enterarse de esto. Si lo descubren, seguro que querrán pelear por la custodia del niño.
Nanette se acarició el vientre aún plano.
¿Debería decirle a Melba la verdad sobre el padre biológico del bebé?
Nanette lo pensó un buen rato.
Lo mejor sería dejarlo para después.
La cena estaba acordada para las siete en punto, pero Nanette llegó a las seis y media.
Estacionó el auto en el garaje.
Apenas se desabrochó el cinturón de seguridad, escuchó unos toques en la ventana.
Al levantar la vista, se encontró con Noel.
Nanette abrió la puerta y bajó del auto.
—¿Tú también llegaste temprano?
—Te envié un mensaje —respondió Noel.
—Lo siento, venía manejando, así que no revisé el celular.
Noel sonrió.
—Es una buena costumbre, mantenla.
Nanette notó que él sostenía una bolsa grande que parecía bastante pesada.
—¿Qué es eso?
—Te dije que yo me encargaría de preparar el regalo.
—Se ve muy pesado, ¿qué compraste?
—Un elegante tablero de ajedrez.
¿Un tablero de ajedrez?
—La mayor pasión del Sr. Quintín es el ajedrez. Si le regalas esto, estará tan emocionado que no podrá dormir.
Nanette se sintió un poco avergonzada.
—Hice que gastaras demasiado. Se suponía que esto era responsabilidad mía.
Los ojos de Noel brillaron y no pudo evitar observarla con detenimiento un par de segundos.
—Hoy te ves...
Nanette pensó que había algo malo con su ropa y se puso nerviosa.
—¿Acaso me vestí demasiado informal?
Los labios de Noel se curvaron ligeramente.
—Te ves hermosa.
Pura, radiante, con un toque encantador que emanaba una frescura inalcanzable.

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