Galileo se separó bruscamente de Nanette.
—¿Me pusiste una trampa para hacerme hablar?
Nanette se secó las lágrimas del rostro, mirándolo con frialdad.
—Sabía que mis sospechas eran ciertas. Fue Dina.
Cualquier rastro de ternura desapareció del rostro de Galileo.
—Vaya, Nanette. Te subestimé. Qué buena actriz resultaste.
—¿Pero de qué te sirve? Mis palabras de hace un momento no prueban nada.
Nanette soltó una risa amarga.
Levantó la mano y le propinó una tremenda bofetada.
—¡Galileo! ¿Acaso no tienes alma? ¡¿La vida de una persona no vale absolutamente nada para ti?!
Él se lamió la comisura de los labios, en silencio.
Ella se aferró con ambas manos al cuello de su camisa.
—¡Tu hermana es una asesina! Y tú, al protegerla, eres su cómplice. ¡Toda la familia Godoy está compuesta de monstruos sin escrúpulos! ¡Monstruos que matan sin remordimientos!
Con los ojos inyectados de sangre, desbordando rabia y dolor, Nanette perdió por completo el control sobre sus emociones.
Galileo le apartó las manos y la empujó con fuerza.
—¡Nanette! ¡Sé que estás destrozada, pero no tienes derecho a acusar a Dina ni a mi familia de esa manera! ¡La muerte de tu madre no tiene nada que ver con ella!
Ella retrocedió hasta chocar contra un mueble y se sostuvo de él.
—Ja. Sabía que jamás lo confesarías. Mi intención el día de hoy no era sacarte una confesión. Solo quería confirmar que mis sospechas eran ciertas.
—¡Pero escúchame bien, Galileo! ¡No me voy a dar por vencida! ¡Encontraré las pruebas necesarias y mandaré a tu querida hermana a la cárcel! ¡La haré pagar por lo que hizo!
Galileo no se inmutó en lo más mínimo.
—Adelante. Busca las pruebas, si es que puedes.
Nanette apretó los dientes, mirándolo con un odio visceral, como si quisiera perforarlo con la mirada.
Ambos se quedaron en silencio, midiéndose en un duelo de voluntades.
Poco a poco, el enojo de Galileo se disipó y fue reemplazado por la culpa.
Al ver lo destrozada y pálida que estaba, su corazón se ablandó. No podía seguir tratándola con dureza.
Dio un paso al frente y acarició la mejilla de Nanette.

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