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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 256

Galileo acercó sus labios hasta casi rozar la comisura de la boca de ella.

—Me quedaré a dormir aquí esta noche.

A Nanette se le revolvió el estómago.

—No me parece correcto.

—No tiene nada de malo. Mientras no firmemos los papeles del divorcio, seguimos siendo marido y mujer, y es de lo más normal que vivamos juntos.

Nanette lo empujó con fuerza, pero él ni se inmutó.

—¡Galileo, ¿qué diablos quieres?!

Galileo soltó de golpe:

—¡Te quiero a ti!

Nanette dejó de forcejear, pero hizo un esfuerzo por alejar su rostro de los labios de él.

—No inventes. Quedamos en que, después de la cena de hoy, cada quien tomaría su propio camino.

Galileo acortó la distancia.

—Eso será a partir de mañana. Pero hoy, de repente, se me quitaron las ganas de separarme de ti.

Él inhaló profundamente el dulce aroma de su cuello.

—Nanette, ¿sabes una cosa? Antes me acostaba contigo solo por necesidad, pero ahora...

—Ya no es solo un deseo físico. Quiero que te quedes a mi lado, como antes. Que me acompañes, que me tengas paciencia.

Nanette soltó una risa sarcástica.

—Sigue soñando.

—Pero te lo juro, de ahora en adelante nunca volveré a tratarte como antes. Si te portas bien, te daré todo lo que me pidas.

Para Nanette, eso sonaba a puras mentiras.

—¿Me vas a dar todo lo que pida? ¿Estás seguro?

—Segurísimo.

—Perfecto —respondió Nanette con frialdad—. Entonces, ¿serías capaz de alejarte de todo lo que no me gusta por mí?

Galileo la miraba con tanta obsesión que parecía querer devorarla.

—¿Cómo dices?

Nanette se tensó por completo.

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