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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 216

En cuanto se cerró la puerta de la casa, Galileo sintió que volvía a respirar con normalidad.

El coche de Silvio ya lo estaba esperando afuera.

—Señor Godoy, ¿vamos con la señorita Mera?

—Sí.

—¿Regresaremos hoy en la noche? Si es así, me quedo esperándolo afuera.

—Solo déjame y vete directo a tu casa. Mañana temprano pasas a recogerme.

Silvio no hizo más preguntas. En ese tipo de situaciones, era mejor no meterse.

Al ver a Galileo de nuevo, Irene Mera sintió que algo andaba raro.

Últimamente, las visitas de Galileo al club se habían vuelto demasiado frecuentes. Y su estado de ánimo parecía ir de mal en peor.

Galileo llevaba casi veinte minutos en la sala privada y, aparte de tomar su trago, no había pronunciado una sola palabra.

Como él no hablaba, Irene simplemente se quedó a su lado haciéndole compañía en silencio.

Galileo se terminó de un trago lo que quedaba en su vaso y volteó a verla.

—¿No me vas a preguntar nada?

Ella sonrió con sutileza.

—Si quisieras contarlo, ya lo habrías hecho. Si yo te presiono, la respuesta que me des podría no ser sincera.

Galileo palmeó el asiento, a su lado.

—Ven acá.

Irene se sentó en sus piernas y apoyó una mano suavemente en su hombro.

—Tus visitas por aquí se han vuelto muy seguidas.

Galileo apoyó la cabeza en el pecho de Irene, con el rostro marcado por el cansancio.

—¿Qué tiene de malo que venga a verte más seguido?

—Todo.

—¿Por qué?

—Porque mientras más seguido vienes, significa que peor te sientes. Además, no deberías frecuentar tanto un lugar como este.

Galileo esbozó una sonrisa a medias y le tocó la mejilla con el dedo.

—Si no hubiera venido a un lugar como este, ¿cómo te habría conocido?

Irene puso su mano sobre la de él.

—Andas de muy mal humor.

—¿Ah, sí?

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