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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 203

Quería hacer algo para consolarla, pero sabía perfectamente que no debía cruzar esa línea.

Si se dejaba llevar, sabía que iba a perder el control de sus propios sentimientos.

Sin embargo, al ver las marcas rojas que se estaba dejando en las manos...

Noel no lo soportó más.

Le soltó el agarre y le tomó una mano con mucha suavidad.

—Escúchame —le dijo.

Nanette levantó la mirada, con los ojos llenos de lágrimas.

Noel agarró un pañuelo de papel y le secó el llanto con cuidado.

—Tú no tienes la culpa de nada. La vida es así, nunca es perfecta. Todos cargamos con cosas de las que nos arrepentimos. Mírame a mí...

Era un secreto que tenía muy guardado; nunca se lo había contado a nadie.

Era la primera vez que hablaba de eso.

—Una vez me peleé muy fuerte con mi papá y me salí de la casa a la mala. Mi mamá salió a buscarme y la atropelló un coche. Desde ese día, nunca volvió a caminar bien.

—Me he sentido como una basura toda la vida por eso.

—El día que se murió, no dejaba de pedirle perdón.

—Y ella nomás me dijo... «Menos mal que me atropellaron a mí y no a ti».

Nanette se fue tranquilizando poco a poco.

Al final, nadie se salva de cargar sus propios demonios. Aquel hombre tan impecable y seguro de sí mismo tenía una mirada llena de una tristeza y culpa inmensas.

Se estaba dejando ver vulnerable solo para que ella no se sintiera sola. Nanette puso su otra mano sobre la de él.

—Ya… ya estás aquí. Vas a poder con esto —dijo en voz baja.

Eran palabras simples.

Pero servían tanto para consolarlo a él como a sí misma.

Se quedaron mirándose a los ojos, dándose ánimos mutuamente.

De pronto, alguien tocó a la puerta y rompió el silencio.

Y de paso, acabó con esa tensión casi mágica que se había formado entre ellos.

Al instante, soltaron sus manos.

Camila Mancilla entró a la oficina y sintió que el ambiente estaba medio raro.

—Nanette, ¿estás llorando otra vez?

Nanette forzó una sonrisa.

—No, para nada.

Camila se sentó junto a ella y la abrazó.

—Ay, ajá. Si aquí todavía traes la lágrima asomada.

Nanette se limpió rápido los ojos.

—Claro que no.

—Hoy me toca quedarme hasta tarde; si no, neta que te llevaba a cenar bien. ¿A poco no se te antojan unos cortes de carne de tu lugar favorito? Si quieres mañana saliendo de chambear te invito.

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