Qué vergüenza.
—Entonces nada de radiografías —concluyó el doctor—. Vamos a mantenerla en observación. Si el dolor no cede, regresan al hospital.
—Es probable que mañana el moretón en el hombro se vea más feo, pero no se asusten, es normal. Pónganle hielo. Como está embarazada, no le podemos dar cualquier medicamento.
Noel iba a insistir con algo más.
Pero Nanette lo frenó.
—Si el doctor dice que estoy bien, es que estoy bien. Con tantos años de experiencia, ¿cómo no le vamos a creer?
El médico se echó a reír.
—Su esposo simplemente está muy preocupado por usted. Ya casi no hay hombres que cuiden así a sus esposas.
—Es solo mi amigo —aclaró Nanette con una sonrisa de resignación.
El doctor le echó una mirada incrédula.
—Ajá, su amigo. Bueno, dígale a su "amigo" que se la lleve cargando otra vez, porque ya tengo que pasar al siguiente paciente.
Nanette le torció la boca al ver la sonrisa socarrona del doctor.
¡Si no le quería creer, muy su problema!
Ya de regreso en el coche.
A Nanette no le dejaban de dar vueltas en la cabeza las palabras "reposo en cama".
Su papá seguía hospitalizado.
El conflicto con Galileo aún no estaba resuelto.
Traía mil cosas encima, ¿cómo diablos se iba a quedar quieta?
Como si le leyera la mente, Noel adivinó lo que estaba pensando.
—La salud de Guillermo ya está estable; mientras siga con el tratamiento, pronto lo darán de alta. En cuanto al asunto con la familia Godoy, lo podemos pausar por ahora. No urge que lo resuelvas en estos tres días.
Nanette soltó un largo suspiro.
Por ahora no le quedaba de otra.
Cuando Melba vio que metían a Nanette cargando en brazos, se llevó un susto de muerte.
—¡Señorita! ¡¿Qué le pasó?!
Noel se adelantó a responder:
—Se lastimó el hombro y necesita ponerse hielo. Pero lo más delicado es que el golpe afectó un poco al bebé. Tiene que quedarse tres días en cama con reposo absoluto. Melba, te encargo mucho que la cuides.
A Melba se le llenaron los ojos de lágrimas por la angustia.

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