Al fin y al cabo, no era un tema apto para menores.
—Xavi se propasó con ella... y lo hizo a la fuerza.
Nanette lo miró, incrédula.
—Eso es imposible.
¡Era Xavier Solano! Un hombre que jamás le prestaba atención a las mujeres y que tenía un autocontrol de acero. ¿Cómo iba a ser capaz de...?
—Ese día, Xavi se había tomado unos tragos —explicó Venancio—. Ella estaba furiosa y le dijo algunas cosas que él no pudo tolerar. Así que, en un ataque de rabia, él simplemente...
Nanette de pronto entendió a dónde iba todo.
—¿Ella logró que nuestro Xavi perdiera el control? ¿Será que él siente algo por...?
Venancio levantó una ceja.
—Es una historia complicada. Mejor que ellos mismos la cuenten poco a poco; nosotros solo podemos leer entre líneas. En cuanto a cuándo regresará a San Lirio, eso dependerá de cuándo esa belleza decida perdonarlo. —Él soltó una carcajada—. Quién lo diría, nuestro orgulloso Xavi persiguiendo a una mujer para suplicarle perdón. ¡Qué ironía!
En ese momento, el celular de Nanette vibró con un mensaje de un número desconocido. Lo abrió y una leve sonrisa asomó en sus labios.
—Es de Adrián Zamora.
—Desapareció sin dejar rastro después de irse —comentó Venancio frunciendo el ceño—. ¿Por qué te escribe de la nada?
Nanette recordó las palabras que Adrián le dijo hace tres años cuando se despidieron en el hospital. Le había dicho que, si el destino volvía a reunirlos, esperaba que fuera presentándose como un piloto profesional.
Aunque no se habían visto en persona, él había cumplido su promesa. En la foto que acababa de llegar, Adrián llevaba puesto un traje de carreras y sostenía en alto el trofeo de campeón.
Inmediatamente después, llegó un mensaje de texto:
[Gracias.]
Una sola palabra que, sin embargo, parecía expresar mil sentimientos a la vez.
Nanette estaba a punto de responder cuando Noel le arrebató el celular. Le echó un vistazo y frunció el ceño con disgusto.
—Ganó un campeonato, ¿y qué? ¿Por qué tiene que contártelo a ti?
Nanette, sin darle mayor importancia, se encogió de hombros.
—Porque hace tiempo me dijo que se esforzaría por cumplir su sueño de competir, y que...
De pronto, sintió que la mano de su esposo se aferraba con fuerza a su cintura, y ahí se dio cuenta de cuál era el verdadero problema. Le pellizcó la nariz con cariño.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó