—¿Logró encontrarla? —se sorprendió Nanette.
Estaba realmente asombrada.
—¿La encontró?
—Para ser exactos, fue esa persona quien regresó por cuenta propia.
—¿Pero qué clase de persona es esa que tanto buscaba?
—Alguien a quien Xavier odia con toda su alma.
Aquello dejó a Nanette boquiabierta.
Noel sonrió levemente.
—Pero no te preocupes, no le hará daño de verdad.
—¿Y por qué estás tan seguro?
—Porque esa persona es la hermana de la mujer a quien él más amó en su vida.
Eso despertó la curiosidad de Nanette de golpe.
—Amor, por favor, ¡cuéntame todo con lujo de detalles!
—Te prometo contarte cada detalle esta noche en la cama, con toda la calma del mundo —le susurró.
En una zona más apartada de la fiesta...
Irene platicaba en voz baja con unas amigas, pero de vez en cuando sentía el inconfundible peso de una mirada clavada en ella.
No estaba del todo segura de si era su imaginación.
Había tomado un par de copas, lo que le provocó un ligero rubor en las mejillas. Decidió salir del salón y asomarse al balcón a tomar un poco de aire.
La ciudad de San Lirio ya no representaba para ella una pesadilla de la que huir; se había transformado en un santuario lleno de esperanza.
Qué increíblemente afortunada era de que la vida le hubiera brindado una nueva oportunidad.
Pensaba atesorar con uñas y dientes esa felicidad que tanto le había costado conseguir.
Y así, caminar con paso firme el resto de sus días.
—¿Irene?
Aquella voz, tan conocida y teñida de duda, la alcanzó desde atrás.
No necesitó darse la vuelta para saber a quién pertenecía.
Por suerte, el pánico había desaparecido; ahora se sentía perfectamente capaz de encararlo.
Irene se giró.
—Señor Godoy.
Galileo se aproximó y la recorrió con la mirada de pies a cabeza.
—Casi pensaba que me había equivocado de persona.
La Irene que él recordaba era sumisa, tímida e invadida por la inseguridad.
Pero la mujer que tenía frente a sí mantenía la espalda recta y el rostro sereno, rebosante de aplomo y dignidad.
Irene esbozó una sonrisa cortés.
—No se equivocó. Soy yo.
Galileo se quedó sin palabras. Un tenso silencio se prolongó durante unos segundos.

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