Pero las palabras ya habían salido de su boca, no había marcha atrás, así que tuvo que aguantarse.
—La gala benéfica de mañana se transmitirá en vivo. Podrás ver los artículos a subastar; si te interesa algo, me avisas.
La subasta benéfica anual se celebró en el salón de eventos más grande del Restaurante La Terraza Real.
El frío inclemente no mermó en absoluto el entusiasmo de los asistentes.
Todos iban vestidos de gala.
Las mujeres llevaban un maquillaje impecable y se notaba el dinero en cada detalle. Los hombres, de traje y corbata, exhibían su estatus.
En apariencia, el evento era para la caridad, pero en el fondo, no era más que una excusa para codearse con la élite y asegurar futuros negocios.
Galileo le abrió la puerta del coche en persona.
Nanette salió luciendo un vestido de noche con tirantes en un degradado azul gélido.
La tela, incrustada con pedrería fina, y el corte de diseñador resaltaban a la perfección las proporciones de su espectacular figura.
Sus rasgos finos y la piel luminosa le daban una elegancia natural, de esas que no se pueden fingir.
Incluso en ese momento, Galileo seguía cautivado por su belleza deslumbrante.
Nunca imaginó que su esposa pudiera verse tan espectacular.
Galileo le tendió la mano, con la intención de entrelazar sus dedos.
Sin embargo, Nanette deslizó su mano bajo el brazo de él y, tomados del brazo, entraron al recinto.
Unos pasos atrás venía Dina, con el fastidio pintado en la cara. Para no quedarse atrás, Dina se había puesto un vestido de alta costura y había contratado a un maquillista profesional.
Pero, para su desgracia, Nanette la opacó por completo.
—¡Galileo! —Dina corrió tras ellos, levantándose un poco la falda del vestido—. ¡Espérenme!
Galileo le advirtió en voz baja:
—Una vez adentro, cuida tus modales. No vayas a decir ni a hacer ninguna tontería, o nos dejarás en ridículo a toda la familia Godoy.
Dina hizo un puchero.
—¡Ya lo sé! Me lo vienes repitiendo todo el camino.
Nanette echó un vistazo al lugar y su mirada se detuvo en una silueta familiar.
Era Isaac.
Pero no vio a Noel por ningún lado.
Supuso que a él no le gustaban ese tipo de eventos llenos de hipocresía.
Isaac le hizo un leve asentimiento a modo de saludo.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó