Si Douglas hubiese sabido que el camino para colarse en la mansión Valehart era dejándose aporrear como un mango maduro, se hubiese ofrecido de voluntario hace rato.
—Te ayudo y nos vamos —Lilianne se giró con un pequeño jarrito en las manos.
—Me iba a limpiar mis partes íntimas… Como no somos “pareja”, no tienes que hacerlo…
—No finjas que no estás disfrutando todo esto —Lilianne se inclinó frente a sus piernas abiertas y tomó las toallitas húmedas.
De repente, sintió que Douglas se inclinó un poco y le olió profundamente el pelo de la coronilla.
—Entonces no voy a fingir que no tengo una erección de solo pensar que me vas a estar manoseando…
Soltó con esa naturalidad que nunca se guardaba.
Lo peor es que los ojos de Lilianne estaban viendo directo a la gruesa polla medio erecta que ya estaba haciéndole ojitos desde abajo.
—No tienes arreglo…
Masculló con un suspiro, estirando la mano para hacer el “aseo”.
—Eso es lo loco que siempre he estado por ti… —escuchó el susurro ronco de su esposo desde arriba y su cuerpo se estremeció por la intimidad.
—Un hombre no se excita con una mujer por lástima, Lily… Yo podré tener mil defectos, pero jamás te tuve lástima, mi amor.
Lilianne apretó la tela suave en las manos y no respondió.
Hoy había terminado definitivamente con Oliver y, aunque se decía en su corazón que eso no significaba una puerta abierta para Douglas, sabía que se mentía.
Este hombre, de nuevo, se estaba metiendo bajo su piel y dentro de su alma.
*****
Unas horas antes, en el club de boxeo.
Cuando Lucille vio que Douglas se marchaba por el callejón, se giró a enfrentar a Oliver.
—No sé dónde tenía la cabeza cuando dejé que me convencieras de que esto era una buena idea…
Le dijo entre dientes, viendo cómo Oliver caía de golpe sobre unas cajas de cervezas vacías puestas contra la pared.
—¿Ahora resulta que soy yo el culpable de todo? —se rió sin pizca de gracia, siseando por la punzada en el labio.
—Te mostré las evidencias y cómo actuaban los Valenti con sus enemigos. Acaban de cometer un gran error al perder su mejor carta…
—El gran error lo iba a cometer enviando a un hombre inocente a morir… Dios, ¿cómo pude estar de acuerdo con eso y convencer a Frederick?
Lucille se paseó comprendiendo el peso de sus acciones.
—¡Él no es inocente! ¡¿O todas las cosas que me contaste eran mentira?!

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