—Se… señora Lilianne…
Lily lo vio ponerse pálido como un papel.
—Respóndeme, Hermes, ¿qué sucede con Douglas? ¿Es usted un doctor?
Lilianne había escuchado un retazo de indicaciones médicas.
El hombre asintió hasta con dudas. No quiso verse involucrado en más dramas.
—Los dejo para que hablen con calma…
El doctor se apresuró a escapar del interrogatorio.
—Hermes…
—Sra. Lilianne, no quiero perder mi empleo, por favor, no me ponga en una situación incómoda.
Hermes echó mano de nuevo de sus dotes de actor.
—No te voy a involucrar, pero dime de una vez la verdad… Douglas… ¿fue a enfrentarse con esas personas?
Lilianne de repente miró hacia el ascensor y era obvio que no esperaría más por el secretario.
—Venga conmigo…
Con un suspiro “derrotado”, el secretario estrella del Sr. Calder la llevó hasta el elevador VIP y marcó la combinación del penthouse.
—Lo lamento por mentirle, pero el señor no quiso preocuparla. Él se enfrentó a algunos de esos tipos que estaban merodeando por la escuela de las niñas…
—¿Por el colegio? ¿Pero… cómo? —Lilianne sentía el sonido casi mudo del elevador y contaba los números.
—Bueno…
La mente de Hermes era una máquina del mal y de conspiraciones falsas.
—Fue a verificar la seguridad. Como mismo nosotros entramos, ellos pueden fingir identidades falsas. Entonces vio ese auto sospechoso que ya teníamos identificado; seguro esperaban a las niñas…
La expresión de Lilianne se iba poniendo cada vez más horrorizada.
Definitivamente, ya no era seguro dejar a las gemelas en esa escuela.
—¿Por qué no me dijo nada? Maldita sea, ¿y está muy mal?
Las puertas se abrieron a un pequeño recibidor cuando Lilianne hizo la pregunta.
—Bueno… usted sabe que él es un poco temerario. En vez de esperar refuerzos, fue a pelear con los hombres que preguntaban al conserje… Él quiere mucho a sus hijas…
Hermes agregó más flores a su jefe.
De esta se ganaba el aguinaldo como fuese.
—Voy a verlo, diré que te obligué a subirme. No te preocupes, no te buscaré problemas…
—Gracias, Sra. Lilianne—Hermes puso cara de circunstancias mientras le pasaba la llave electrónica.
Lilianne asintió con rapidez y caminó hasta el final del pasillo, donde estaba la puerta de la suite.
Una sonrisa astuta apareció en la boca de Hermes cuando la vio entrando en la guarida de la bestia.
Tomó el celular con rapidez y empezó a escribirle un mensaje a su jefe. Con suerte, Douglas no metería la pata y le seguiría la mentira.
—Mi Gordis, estas vacaciones te llevo a Hawái sí o sí…
Hermes agarró el móvil todo risueño para llamar a su esposa y hablar con su niño.
Estaba seguro de que Douglas le daría al menos unas horas de descanso.
*****
Por otro lado, el mismo magnate estaba batallando por hacer sus cosas personales.
Porque no, ninguna enfermera vendría a estarle pasando trapos húmedos mientras él estaba desnudo, mucho menos le estaría limpiando las bolas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA