—Tiene usted los huesos bastante fuertes. Las magulladuras se ven feas, pero la exploración inicial no sugiere ninguna fractura importante. Aun así, debería acudir a un hospital para hacerse unas radiografías.
Douglas se sentía hecho mierd4, pero, si aquel médico deportivo decía que no iban a tener que reconstruirle el esqueleto, habría que fiarse de él.
Le recetó algunos medicamentos y le recomendó acudir a un servicio médico más especializado.
—Está bien. Mi cuerpo está acostumbrado a apañárselas con lo que hay…
Lo dijo mientras se levantaba de la camilla y recogía la camiseta.
Cada movimiento lo hacía apretar los dientes y el sudor continuaba rodando por su rostro hinchado.
—No me diga que esa herida de bala que tiene en la espalda se la curaron con hojas de la selva… ¿No hay médicos en su país?
—En mi país existen las mismas medicinas que aquí e incluso mejores.
Lo dijo con un orgullo nacionalista que hizo callar al doctor.
—De acuerdo, de acuerdo. Solo lo decía en broma. Puede haber fisuras que no se detecten mediante una exploración básica y no debería dejarlas sin revisar.
El hombre recogió sus cosas y se preparó para abandonar la enfermería instalada en el centro de lucha.
Douglas escuchó cómo se abría la puerta, pero esta tardó demasiado en cerrarse.
Un aroma a perfume llegó hasta su nariz y sus manos se demoraron un poco más sobre los cordones del short deportivo.
—¿Viniste a asegurarte de que la moneda de cambio todavía seguía con vida? ¿O me aceptaban también muerto?
Las palabras de Douglas cortaron el aire como el acero.
Sus ojos grises observaron a través del reflejo del espejo a la mujer que permanecía en la entrada, manteniendo una distancia prudente.
—Tomé la decisión que creí correcta para proteger a mi familia. No espero que tú lo entiendas…
—Claro que lo entiendo. No te imaginas cuánto.
El magnate se giró para enfrentarse a Lucille Valehart.
—Ese mismo pensamiento desesperado que tú tenías lo experimenté yo hace algunos años.
—¡No compares esta situación con el hecho de que querías salvar tu empresa y dinero!
Lucy se enfureció.
Hablaba basándose únicamente en los hechos que conocía por una Lilianne despechada.
—¿Mi dinero? ¿De verdad piensas que engañé de esa manera a mi mujer, pasé noches alejado de ella y tuve que fingir cada maldito día solo por dinero?
Douglas volvía a sentir que la rabia iba a devorarlo vivo.
—Si le oculté muchas cosas a Lilianne, fue para protegerla. ¡¿Pero acaso no estás haciendo tú lo mismo?! ¿No te parece un poco hipócrita tu postura?
—¡No! ¡No me compares contigo, infeliz!
Lucy avanzó un paso, con los puños temblándole mientras recordaba el pasado.
—No te imaginas lo desesperada que estaba. Quería escapar de ti. Ni siquiera sé si la maltratabas para que prefiriera arriesgarse a perder a sus hijas durante una huida clandestina antes que quedarse contigo. ¡Le negaste atención médica para sus piernas!
—No fue así. Aquel tratamiento todavía estaba en fase experimental. No quería que sufriera, ¡y jamás golpeé a Lilianne!…
—¡No querías que viajara a Sídney y arruinara tus planes con aquella mujer! ¡Sinvergüenza! ¡Doble cara! ¿Y ahora pretendes que crea que hiciste todo aquello para protegerla?

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