El sudor bajaba empapando la piel de Lucille.
Las nalgas le picaban, ya se imaginaba la escena del cuero marcado sobre su piel sensible, pero faltaron esos últimos golpes sobre su coño… sshh moría que la tocara de alguna manera.
Tensaba la tela de la tanguita cada vez que el cinturón caía, sintiendo la rugosidad del encaje estimulándole el clítoris, haciéndola gemir de placer.
En puntillas y con los pezones tan duros que dolían contra el sujetador.
Pero de repente paró el castigo y apenas iba por siete.
Lucille apretó los dientes en el pañuelo que le bloqueaba la boca, con los ojos mirando a la pared del frente llenos de lágrimas de lujuria, a punto de girarse a preguntarle dónde carajos quedaron sus azotes pendientes.
¡Quería los nueve!
No tardó en encontrar la respuesta.
—Mmmnnn…
Entrecerró los ojos al sentir la mano que sujetó con fuerza su garganta obligándola a levantar la barbilla a la vez que un cinturón caía con fuerza sobre el escritorio.
Lucille lo vio de reojo, pero apenas se podía mover porque Luke la tenía presionada, controlada y su agarre en la garganta la llevaba a someterse.
—Pensé que estarías suplicándome porque parara… pero creo que estás pidiendo a gritos los azotes que te faltan…
¡Ssssiii!
Quería gritarle a Luke que la usara para su placer, que le arrancara la tanga con los dientes y se la metiera hasta la consciencia.
—Descarada para pollas…
¡Plaf!
Una mano abierta y ruda se estrelló de repente contra su sexo haciéndola saltar, el azote era más fuerte incluso que el cinto.
Lucy gritó contra el pañuelo que ahogó su gemido excitado.
La mano de Luke en su cuello no la dejaba escapar, ni moverse mucho.
Su voz ronca y salvaje resonaba en su oído, tentándola, calentándola, mientras la empujaba desde atrás contra el escritorio y le azotaba el coño.
¡Plaf, plaf!
—Si querías ser la puta de alguien debiste ser mía Lucille, solo mía, puedo darte lo que necesitas… ¡mi maldita puta pervertida!
Lucille veía las luces de colores mientras su coño era sacudido por la mano fuerte del vaquero.
Sentía ese miembro duro restregándose contra una de sus nalgas, latiendo, dejándole un rastro viscoso en la piel.
Luke metió la mano dentro de la tanguita, entre la raja sudada de sus nalgas y fue directo al charco de placer entre las piernas de la mujer que le encantaba.

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