La amenaza era muy seria y el tipo dio un paso atrás con las manos en alto mientras Lucy era jalada por la versión salvaje de Luke.
Cayó contra su pecho con fuerza, la muñeca aún agarrada entre las garras de ese vaquero enojado y una palmada resonó con fuerza en su trasero.
Lucille tuvo que morderse el labio inferior para reprimir el gritico bien puto de asombro que casi se le escapa.
Luke la arrastró con él a un baile sin sentido, con sus cuerpos bien pegados y él llevando el control.
Su boca bajó hasta su oído.
—Se acabó tu maldito jueguito, Lucille. ¿Qué pretendes con todos esos tipos?
Su boca pegada a la oreja y ese tono salvaje la hicieron estremecer.
Lucy olía contra la camiseta el aroma a masculinidad y colonia amaderada.
—Solo estaba bailando, ¿acaso tú no hacías lo mismo con tu amiguita Caroline? —le respondió, girando de repente la cabeza.
Quedaron tan cerca que sus respiraciones pesadas se entrelazaron, la punta de sus narices acariciándose y el deseo haciendo crepitar el aire.
—¿No me dijiste que no me acercara más a ti? Soy muy buena siguiendo órdenes…
Lucille se inclinó incluso más cerca, viendo cómo las pupilas de Luke se contraían mirando sus labios jadeando.
Esperaba que de alguna manera él captara sus indirectas, sus verdaderos deseos oscuros, y algo sucedió: Luke la miró con una expresión rara.
¿Entendía de qué iba todo esto?
—Eso parece… —En vez de alejarse, la mano de Luke subió a su nuca, aferrándose a ella, y la otra le manoseó las nalgas clavándole los dedos.
En su pequeño mundo no existía nada más alrededor, ni la música ni la gente que podía mirarlos curiosa, solo el desafío y el juego de poder que estaban descubriendo.
—Veamos si eres tan obediente como de verdad me gustan…
Luke gruñó contra su boca.
Se juró dejar ir a esta mujer que era de otro, pero no podía… Maldición, al menos quería un recuerdo antes de volver a quedarse sin ella.
Lucy no se resistía, su cuerpo temblaba como si esperara de verdad por esta proposición indecente.
—Ven conmigo…
Pero cuando Luke fue a tomarla de nuevo del brazo para llevarla a esa oficina donde administraban el bar, alguien chocó con Lucille “sin querer”.
Lucy solo vio cómo el líquido rojo se salpicaba por completo sobre su escote, empapándola y creando una mancha grotesca en el vestido blanco que Luke le regaló.
—Oh, por Dios, disculpa, te giraste tan rápido que el vino que traía para Luke se me resbaló.
Caroline dijo con fingida disculpa.
Por supuesto que lo había hecho a propósito para quitarse de arriba a esa perra.
Miró a Lucy como si le hubiese hecho algo bien maloso, pero cuando vio la mirada asesina con que la pelirroja subió la cabeza, casi quiso retroceder.
—No te preocupes, querida, los accidentes ocurren. —Lucy tenía tantas ganas de follar como de partirle la cara a esa idiota.
—Luke, espérame un momento. La Srta. Caroline me va a enseñar dónde está el baño de señoras.
La sonrisa en los labios de Lucy no presagiaba nada bueno.
Si Caroline creía que por ser de la ciudad no sabía halar greñas, andaba bien mal.
Su madre la mandó a un internado en Rusia por un año y ahí aprendió a defender su comida y a no inclinarse para coger el jabón en las duchas.
—Pero el baño está por ahí, puedes ir sola…

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