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Mi Marido Prestado romance Capítulo 852

Tras que le colgaran el teléfono, Owen se quedó sentado en el auto sin moverse durante mucho tiempo, con el rostro cada vez más sombrío.

Nadie le había colgado el teléfono de esa manera.

El primogénito de la familia Fonseca, el yerno de la familia Estrada, el heredero del Grupo Fonseca... todas estas identidades juntas hacían que, adondequiera que fuera, la gente lo tratara con sumo respeto.

Y, sin embargo, el tono que Iker Rodríguez acababa de usar con él no se diferenciaba en nada de ahuyentar a un perro callejero.

Lo peor de todo era que ahora sería aún más difícil rendirle cuentas a don Arturo.

—Regresemos a la sucursal de Frescura —dijo finalmente, con la voz un poco ronca.

Jorge asintió y arrancó el auto.

Lo miró por el espejo retrovisor; Owen estaba recostado en el asiento con los ojos cerrados, con el ceño tan fruncido que formaba una profunda marca.

—Señor Fonseca, entonces, ¿qué haremos ahora...?

—Primero regresemos.

Owen todavía no tenía idea de qué hacer a continuación.

La última frase de Iker no había sido una amenaza, sino un aviso.

Jorge le lanzó una rápida mirada por el retrovisor, a punto de hablar, pero al final guardó silencio.

Cuando el auto entró al estacionamiento subterráneo de la sucursal de Frescura, sonó el celular de Owen.

Al ver el identificador de llamadas, su ceño se frunció aún más.

—Mamá.

—Owen... —La voz de su madre sonaba ansiosa—. Tu padre quiere que regreses a Aguamar de inmediato. Tu abuelo nos llamó a todos a la casa principal esta mañana. Dice que quiere discutir...

—¿Discutir qué?

Hubo una pausa al otro lado de la línea.

—Sobre ti.

Los dedos de Owen se apretaron lentamente alrededor del celular.

Sabía muy bien que cuando el abuelo hablaba de "discutir", en realidad se trataba de una sentencia.

—Entendido —respondió con calma y colgó.

Apenas el auto se detuvo, abrió la puerta y caminó a paso rápido hacia el ascensor.

Jorge lo siguió apresuradamente, como si quisiera decir algo pero no se atreviera.

Al entrar a la oficina, Owen arrojó su abrigo en el sofá, abrió un cajón y sacó una carpeta. Sus dedos se detuvieron sobre la cubierta por un instante.

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