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Mi Marido Prestado romance Capítulo 856

Owen miró de reojo la tarjeta que le ofrecían.

Era muy sencilla: solo tenía un nombre y un número de teléfono internacional. Nada más.

Ni el nombre de una empresa ni un cargo.

—Mencionó que quería hacer un trato conmigo —dijo Owen apartando la mirada—. ¿De qué se trata?

Oliver no respondió de inmediato. Un brillo astuto se asomó en sus ojos nublados, como si estuviera seguro de su victoria.

Dejó la tarjeta sobre el reposabrazos que los separaba y dio unos golpecitos sobre ella con el dedo.

—Conozco un poco la situación por la que está pasando. El Grupo Rodríguez ha movido sus fichas, su familia ha perdido proyectos y hasta podrían cerrar la sucursal de Frescura. Por si fuera poco, la señorita Simona se niega a ceder. Me imagino que las cosas no están fáciles para usted dentro de la familia Fonseca, ¿verdad?

—¿Acaso viene en representación de alguien para convencerme de algo? —replicó Owen.

—Nadie me contrató —negó Oliver con la cabeza—. Vine por mi propia cuenta.

—¿Y por qué a mí?

—Porque usted tiene algo que yo quiero. —Oliver habló sin prisa—. Y yo tengo algo que usted necesita.

*Algo que él necesita.*

Owen lo observó fijamente por un largo rato antes de preguntar:

—¿Qué es lo que quiere?

Oliver se acomodó ligeramente en el asiento. De pronto, su mirada se volvió fría y afilada.

—A Iker Rodríguez.

Ese nombre flotó en el aire, ligero pero cargado de veneno.

Owen se quedó atónito.

—¿A Iker?

—Así es —asintió Oliver con total seguridad—. Quiero destruir a Iker Rodríguez.

Owen no respondió al instante. Sus ojos evaluaron el rostro del anciano durante unos segundos, tratando de discernir si hablaba en serio.

Después de un momento, se recostó en el asiento y esbozó una sonrisa indescifrable.

—Tiene grandes ambiciones. Usted sabe mejor que yo quién es Iker Rodríguez. Nadie en toda Frescura puede tocarlo.

—Yo solo no puedo —admitió Oliver con naturalidad—. Pero con su ayuda, tal vez sea suficiente.

Owen entrecerró los ojos.

—¿Quiere que lo ayude a enfrentarse a la familia Rodríguez?

Oliver lo miró con serenidad y aclaró:

—Para ser precisos, solo a Iker.

Owen frunció el ceño.

¿Solo a Iker?

¿A un solo hombre y no a toda la familia?

La lógica del anciano le parecía absurda.

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