C56- PELIGROS DEL INTERNET
Angela dejó el iPad sobre la cama con cuidado y se quedó de pie unos segundos sin moverse, con el corazón latiéndole tan fuerte que le dolía un poco el pecho y también trataba de entender lo que acababa de pasar, porque había buscado a su papá durante tanto tiempo que ahora, al creer que lo había encontrado, no sabía si quería gritar, llorar o salir corriendo a contarle a alguien.
Pensó en la foto, en la cara del tío de William, en el dibujo que había hecho una y otra vez y volvió a estar segura. Sintió un cosquilleo raro en el estómago, mezcla de emoción y miedo, porque si era verdad entonces su papá existía de verdad, pero si no lo era... no quería pensar en eso.
Lo único que sabía era que necesitaba verlo, aunque fuera una vez, aunque fuera solo para estar segura, entonces escuchó la puerta principal abrirse.
Angela abrió los ojos de golpe.
—¡Angela! —llamó Aurora desde la entrada.
El corazón de la niña dio un salto y en ese instante decidió que su mamá tenía que saberlo, no podía guardárselo ni un segundo más.
Salió corriendo del cuarto, casi resbalándose en el pasillo.
—¡Mami! —gritó, con la voz llena de emoción—. ¡Mamita!
Aurora dejó la bolsa en el suelo al verla tan alterada y sonrió al instante, sorprendida por verla tan feliz. Se agachó frente a ella y le dio un beso rápido en la frente.
—Hola, mi amor —dijo con suavidad—. ¿Qué pasó? ¿Por qué estás tan contenta?
Angela dio un paso atrás, respiró hondo y las palabras le salieron todas juntas, sin orden y con la voz temblorosa.
—¡Lo encontré! ¡Mami, lo encontré! ¡Encontré a mi papá!
Las lágrimas le llenaron los ojos y empezaron a caer, pero ella seguía sonriendo, porque no estaba triste, estaba desbordada de felicidad.
Pero Aurora se quedó congelada.
Las manos se le quedaron quietas en el aire y el color se le fue del rostro, por un segundo sintió que el corazón se le detenía.
—¿Qué... qué estás diciendo, cariño?
—¡Fue por mi amigo William! —dijo Angela, emocionada—. Él me ayudó. Es el tío de él... ¡es mi papá, mami! ¡Ahora puede volver con nosotras! ¡Pero tengo que ir a verlo!
El silencio pesó como una piedra y la mente de Aurora se llenó de preguntas y de miedo.
¿Un amigo? ¿Dónde lo había conocido? ¿Cómo era posible? Su hija apenas había llegado a Londres.
—Angela... —dijo con voz tensa—. ¿Qué amigo es ese? ¿De dónde lo conoces?
Angela quien seguía convencida y segura de lo que había visto, confesó.
—Del juego, mami. Del que uso en la tablet, ahí hablamos.
Miró a su hija, que la observaba con los ojos grandes y llenos de esperanza.
—Angela, cielo... Sé que quieres mucho a tu papá. Sé que lo extrañas aunque no lo hayas visto. Pero hablar con personas que no conoces no está bien, amor.
Angela negó despacio ya con los labios temblando.
—Pero sí es él, mami... y William es bueno...
Aurora sintió dolor al verla así y entendió cuánto le pesaba esa ausencia, cuánto deseaba tener un papá como los demás niños.
Pero no podía ponerla en riesgo.
—Lo siento, mi amor —dijo firme, aunque le dolía—. Pero por tu seguridad voy a quitarte esto por ahora.
Tomó la tablet y la guardó.
—No más juegos en línea. De ahora en adelante vamos a hacer otras cosas. Esto es peligroso, cariño, y no puedo dejar que te hagan daño.
Salió del cuarto con el dispositivo y cerró la puerta.
Angela se sentó en el suelo, abrazando sus rodillas, sin entender por qué su mamá no le creía y lo que más le dolía no era el castigo. Era pensar que ahora, justo cuando había encontrado a su papá... no iba a poder verlo nunca más.

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