C43- CELOS EN EL TÁMESIS.
Angelo llegó al muelle con la mirada afilada, elegante, impecable y demasiado serio para un lugar lleno de risas y cámaras.
Escaneó el sitio una sola vez y no la vio. Pero en cambio un par de turistas en sus veintes, lo miraron sin pudor, una murmuró algo a la otra.
—Cielos... mira a ese hombre. Parece un modelo de revista —susurró sin disimulo.
Su amiga asintió con una sonrisa.
—Definitivamente no es inglés. Tiene ese aire mediterráneo sexy.
Pero Angelo no les devolvió ni un segundo, sus ojos se fueron directo al río. Entrecerró la mirada y, sin ningún tipo de pudor, sacó unos binoculares tácticos del interior de su chaqueta.
Negros, sobrios y claramente fuera de lugar, entonces las turistas soltaron risitas nerviosas.
—¡Oh, Dios mío! Es como James Bond —exclamó una de ellas, llevándose la mano al pecho con exageración—. ¿Crees que sea espía?
—Si es espía, puede investigarme cuando quiera —respondió otra, provocando carcajadas entre sus amigas.
Angelo, completamente ajeno a los comentarios, ajustó los binoculares con precisión militar, sus ojos se movían metódicamente por el río hasta que finalmente se detuvieron en un pequeño bote que se deslizaba tranquilamente por el agua y Aurora estaba allí, sentada frente a Francesco, quien tenía el cabello perfectamente peinado, una sonrisa estudiada, y un atractivo que no tenía nada especial.
Lo que sí notó fue cómo Franchesco se inclinaba hacia Aurora, hablándole muy cerca con un gesto que pretendía ser casual.
—Maldito oportunista —gruñó entre dientes—. Un segundo más con esa mano cerca de ella y te van a llamar capitán Garfio.
De repente, Franchesco alzó la mano y rozó la mejilla de Aurora con los dedos y allí mismo algo oscuro cruzó los ojos de Angelo.
—Mal movimiento —dijo por lo bajo—. Y el último pendejo.
Pero de repente...
—¿Sabe usted que espiar está prohibido en espacios públicos, señor?
Angelo se giró bruscamente para encontrarse con un hombre mayor de uniforme azul con el logo de la empresa de alquiler de botes.
—No estoy espiando —respondió—. Estoy realizando una vigilancia táctica preventiva.
—¿Vigilancia táctica? —El hombre arqueó una ceja con evidente burla—. ¿Es usted policía?
Angelo guardó los binoculares y se acercó al empleado, inclinándose ligeramente para hablarle en voz baja.
—SEAL, Unidad Especial...
El hombre se quedó en silencio un momento, procesando la información y luego soltó una carcajada que atrajo la atención de varios turistas cercanos.
Un grupo de turistas que observaban la escena comenzaron a murmurar y algunos incluso asintieron en apoyo al empleado.
Angelo miró la fila, luego al bote donde Aurora seguía atrapada con Franchesco, y de nuevo al empleado. Y sin decir palabra, se acercó tanto al hombre que este podía sentir su respiración.
—Última oportunidad. O me das un bote ahora, o te muestro cómo se siente nadar en el Támesis con los zapatos puestos.
El empleado miró alrededor buscando ayuda, pero al ver la expresión de Angelo, decidió que su integridad física valía más que su trabajo.
—T-tenemos un bote disponible —cedió finalmente—. Es el único que no está reservado.
Cinco minutos después, Angelo estaba sentado en un bote de pedales con forma de cisne, sus rodillas casi tocaban su barbilla debido al tamaño del bote, diseñado claramente para niños o parejas románticas, no para un hombre de su complexión.
—Esta m****a tiene que ser una broma —gruñó mientras comenzaba a pedalear con furia, pero el bote avanzaba lento—. Muévete, pedazo de chatarra con plumas, que quando regrese, voy a convertir a ese empleado en alimento para peces.
A pesar de su frustración, Angelo mantenía los ojos fijos en su objetivo, su expresión asesina contrastaba cómicamente con el romántico cisne blanco que lo transportaba.
Una pareja de ancianos en otro bote lo miró con curiosidad mientras pasaba junto a ellos.
—Querida —comentó el hombre a su esposa—, creo que ese joven está muy apurado para ser un paseo romántico.
—O muy celoso —respondió ella con una sonrisa conocedora, observando cómo Angelo continuaba su persecución, determinado a rescatar a Aurora de las garras del abogado.

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