—Hermano, ¿qué piensas realmente de Patricia? —preguntó Kevin.
Leonardo recordó los días en Tailandia, cuando la observaba lidiar con sus negocios. —Si la traicionas, acabarás muy mal. Pero con su propia gente es generosa y leal. Es brillante, tiene un instinto agudo y no duda cuando tiene que atacar. Si haces negocios con ella, mientras no intentes estafarla, ella tampoco lo hará; buscará que ambos ganen. Sin embargo, si alguna vez terminan en bandos opuestos, cuídate la espalda. Es increíblemente astuta.
—Entendido —asintió Kevin. Luego, añadió—: Oye, ¿y qué pasa con Héctor Omar? ¿Crees que ella está interesada en él?
Nerea, que escuchaba la conversación, opinó. —Yo quitaría el 'crees'. Estoy segura de que le gusta.
Mientras hablaban, llegaron a la habitación del hospital.
Las enfermeras acababan de darle de comer a las abuelas y estaban viendo las noticias en la televisión con ellas.
Nerea les sonrió con gratitud. —Muchas gracias. Vayan a descansar, nosotros nos encargamos desde aquí.
En cuanto se fueron, Doña Salomé tomó la mano de Nerea y le preguntó con entusiasmo: —Nere, esa prima tuya, ¿a qué se dedica? ¿Ya terminó la universidad? ¿Tiene novio?
Sintiendo un mal presentimiento, Kevin se levantó de un salto. —Acabo de recordar que tengo pendientes en la oficina. Me voy.
—¡Detente ahí! —exclamó Doña Salomé—. ¿A dónde crees que vas?
Kevin se giró, con gesto de resignación. —Abuela, no intente jugar a ser Cupido. A ella le gusta Héctor Omar.
—Oh... no se fijó en ti —chasqueó la lengua Doña Salomé, decepcionada—. Qué inútil eres.
Kevin se quedó sin palabras.
Volvió a sentarse en el sofá y suspiró. —Abuela, no pienso casarme, deje de preocuparse por cosas sin sentido. Si tiene tantas ganas de planear bodas, ¿por qué no organiza la de mi hermano y mi cuñada?
Doña Salomé replicó: —Yo no dije que tuvieras que casarte. Solo quiero que te consigas una novia.
—Tampoco quiero una novia. Mi única prioridad es hacer que Grupo Rojas domine el mercado y recupere su gloria. Las mujeres solo me distraerían del trabajo.
Dicho esto, encendió su computadora y puso su mejor cara de 'estoy trabajando, no me molesten'.
Doña Salomé no supo qué más decir.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio