—Nerea, disculpa que vengamos así de imprevisto —dijo Doña Elena Valente con una expresión llena de disculpas.
Nerea le sonrió. —Por favor, Doña Elena, no diga eso. Les agradezco de corazón que hayan venido a ver a mi abuela. Tomen asiento.
Nerea guio a Doña Elena y a Doña Teresa de Maldonado hacia los sofás, donde les sirvió té y les ofreció algo de fruta.
Doña Teresa miró a Doña Belén con preocupación. —Doña Belén, ¿cómo se siente?
—Bastante bien, muchas gracias por venir a visitarme —respondió ella con una sonrisa.
—No es ninguna molestia, es lo mínimo que podíamos hacer —la regañó suavemente Doña Teresa—. No vuelva a ser tan formal con nosotros.
Luego, Doña Teresa se volvió hacia Nerea. —¿Necesitas ayuda con lo de la familia Quiles?
Doña Elena, que tenía a Sofía en brazos, se apresuró a ofrecer el respaldo de la familia Valente también.
Nerea agradeció las ofertas con una sonrisa.
Pero en realidad, la reputación de Renata Quiles estaba hecha trizas.
Mientras el escándalo se volvía viral, los internautas no solo destaparon su historial completo, sino también su estatus como hija ilegítima de la amante.
La avalancha de críticas en internet bastaba para ahogarla.
Además de eso, la crisis mediática había hundido a Grupo Quiles. Sus acciones caían en picada y las pérdidas eran colosales.
Si la empresa no hacía algo rápido, el daño sería irreparable.
Bajo la presión pública y de la junta directiva, era cuestión de tiempo para que Marisa Peñalosa tuviera que actuar.
Antes de irse, Doña Elena tomó las manos de Nerea. —Nerea...
Doña Elena vaciló, sin atreverse a continuar.
Quería mencionar el asunto de Sofía, pero considerando que Doña Belén estaba hospitalizada, sentía que no era el momento adecuado.
Sin embargo, la ansiedad se la estaba comiendo por dentro.
—Nerea, cuida mucho a tu abuela. Espero que se recupere pronto.
Nerea asintió con una cálida sonrisa. —Gracias, Doña Elena. Sobre lo que hablamos antes... ¿le parece bien si lo hacemos mañana?



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