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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 629

Capítulo 629

Se notaba que su padre estaba a punto de estallar, pero ese día se contenía. Eso dejaba claro que no venía solo a pedir algo. Lo que pedía era importante.

Su madre, Eugenia, seguía tratando de mediar.

-Olivia, tu papá no te está regañando, solo se le escapó.

-¿A eso le llamas que se le escapó? ¿Te parece bien que me hable así? ¿Eso hace un padre? -La abuela, muy seria, apretó a Olivia contra sí-. Váyanse. No son bienvenidos aquí; vayan a comer a su casa.

-¡Mamá! -Se apresuró a decir Eugenia-. No, no, no venimos a regañar a Olivia, venimos a buscarla por algo muy bueno.

La abuela no creyó ni por un instante que esos dos pudieran traerle algo bueno a Olivia. Señaló la puerta con firmeza y les ordenó que se fueran.

-Mamá, en un rato llega una visita importante. ¿Por qué me echas? -dijo Ernesto, impaciente-. ¿Crees que yo quería venir a este pueblo tuyo? Todo es porque esta... mocosa endemoniada no quiere ir a comer, y le prepararon un banquete para invitarla.

Había querido decirle "bastarda", pero al pensar que con eso casi se insultaba a sí mismo, cambió el insulto, aunque lo que terminó diciendo tampoco fue mucho mejor.

-¿Una visita importante? -La abuela se rio con desprecio y apretó a Olivia contra sí con más fuerza-.

Seguro que no es buena gente. Mejor váyanse, aquí no tengo nada que ofrecerles.

Ernesto arrojó los cubiertos.

-¡Si no quieres por las buenas, será por las malas! i Piensa en quién va a cuidarte cuando seas vieja! ¡No te cierres las puertas!

-Des... -A la abuela nunca le importó que él la cuidara en la vejez, pero oírselo decir con tanto descaro le dolió hasta el alma-. ¡Desgraciado sin corazón!

Olivia, por supuesto, sabía que Ernesto jamás cuidaría de la abuela en su vejez. Y sabía algo más. ¡Ese desgraciado la atormentaría hasta dejarla peor que muerta!

Al recordar a la abuela tirada entre la inmundicia y agonizante, se le partió el alma.

Aquel año ella había ido. Sonaba bonito, con eso de que primero se trataran como amigos, se conocieran y se encariñaran, porque ella aún tenía que ir a la universidad; incluso pusieron a Olivia a estudiar con el muchacho para que él la ayudara con las materias.

¡Pero no!

¡Ese vago, el hijo del contratista, se drogaba!

En ese momento, Olivia miró a Ernesto, que estaba frente a ella, prepotente y mandón; tenía un brillo extraño en los ojos.

-¿Que prepare carne? ¡Bien! ¡Trae la carne!

Apenas terminó de decirlo, sacó un cuchillo de cocina de detrás de la espalda y se lo lanzó a Ernesto.

Él jamás imaginó que algo así pudiera pasar. Cuando reaccionó, el filo de la hoja ya estaba a punto de darle en los ojos; se le aflojaron las piernas, la silla se volcó y Ernesto cayó sentado al suelo.

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